STAG’S LEAP – sharon olds

Sharon Olds escribió este libro a consecuencia de la ruptura de su matrimonio, después de treinta años junto a su pareja. He de confesar que he evitado su lectura durante algún tiempo y, ahora que paso también por una situación dura, quizá a manera de expurgación o de cura o simplemente comprensión, lo he leído de una tacada.

Pese a que su estilo, a veces, se me atraganta un poco (esa prosa exagerada hasta la falta de lirismo, esos encabalgamientos continuos, ese descuido con las asonancias), el poemario me ha gustado -y creo que ayudado- por su sinceridad extrema, sus verdades como puños, su sentimiento y su aceptación, a veces, de lo ilógico. Y sobre todo por su visión sincera de las cosas y por su no callarse nada. También, claro, hay poemas, hay versos, que son una delicia. Me han tocado muchísimo aquellas dos últimas dos últimas estrofas de “Last Look” (and I saw, again, how blessed my life has been, / first, to have been able to love, / then, to have the parting now behind me, / (…) / and not to have lost him when he loved me, and not to have / lost someone who could have loved me for life), o aquellos finales de “Discadied” o de “Slowly he Starts” e infinidad de versos sueltos, afilados como puñales.

Quizá relea sus poemas. No lo sé; resultan tan duros.

escrito en inglés | leído en inglés

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MAP – wisława szymborska

Al escribir esta entrada me doy cuenta de este blog no refleja la cantidad de poesía que leo. Antologías poéticas completas o escogidas como las de Neruda, Darío o Cernuda, la última ya terminada, las voy leyendo poco a poco, al igual que algunos libros de relatos cortos. Muchos de ellos son mis libros-de-volver-a-casa, de volver al hogar, tomarlos de la estantería y sentarme a leer como en la adolescencia, cuando aún no me había marchado de casa. O como en la primera juventud, cuando disfrutaba de las largas vacaciones de la universidad. También leo muchos poemas por internet (la página imprescindible es, sin duda, amediavoz). Lo sé, dejar los libros a media es un vicio que intento dejar de lado. A veces, ¡ay!, es difícil.

Casi todos los poemas de “Map” los había leído con anterioridad; algunos, incluso, muchas veces. Los libros “Instante” y “Dos puntos” forman parte de mis estanterías. La antología en español “Paisaje con grano de arena” la leí hace algo más de tres años. ¿Y qué le voy a hacer, si nunca me canso de Szymborska?

Szymborska es, hasta ahora, mi poeta predilecta. Su ironía, sus juegos de palabras, su capacidad para la sorpresa y su sencillez me alegran y me admiran. “Map” me ha descubierto, sin embargo, una faceta más oscura: los poemas en torno al tema de la muerte. No tenía conciencia de que este asunto estuviera tan arraigado en Szymborska; quizás he evitado releerlos a menudo o quizá esta antología se centre mucho en ellos. Dudo de lo último, puesto que más que antología parece un compendio de su obra.

El libro es, sin duda, una maravilla. Lo he leído despacio durante varios meses y he podido ver el advenimiento del genio de la autora, su  sencillez cada vez más acusada, su finura. He preferido, en general, las traducciones españolas, muchas de las cuales tenía en mi cabeza, a las inglesas. Creo -es un acto de fe, por más que un argumento leído y escuchado- que el polaco es un idioma sencillo y accesible en manos de Szymborska; no así en las versiones inglesas, que echam mano demasiado a menudo de palabras enrevesadas y latinismos. Como en todo, hay excepciones.

Map” se ha hecho un hueco primordial en mi biblioteca. Me veo cogiéndolo muchas veces, pasando sus páginas en momentos alegres, en momentos difíciles, y leyendo a la gran poeta.

escrito en polaco | leído en inglés

SEÑAS DE IDENTIDAD – juan goytisolo

Cuando comencé a leer este libro Juan Goytisolo vivía. Yo no había leído nada suyo y su nombre resonaba en mi cabeza desde hacía tiempo. Leí, en alguna parte, que “Señas de identidad” abordaba el tema de la emigración y me puse a leerlo. La primavera iba dando paso al verano y comenzó una época intensa, un verano todavía no terminado cargado de viajes, de reencuentros y caras nuevas, pero también de despedidas amargas y de ansiedad. Terciado el libro, decidí cambiarlo por una lectura más ligera en mi viaje a República Checa a comienzos de junio; después lo seguí posponiendo en mi periplo por media Europa y no ha sido hasta recientemente que lo he abordado con las ganas que merece.

Se trata de un libro complejo y oscuro. Atractivo por su formalismo experimental (aquí, de nuevo, mi cabeza se llena de referencias al juego entre las dos partes de la “Rayuela” de Cortázar y a la idea de la yuxtaposición literaria que Kundera describe en “El arte de la novela“; libros los dos de mi etapa universitaria que me dejaron honda impronta), es sin embargo vago en la delimitación de su argumentación. En ese sentido huye de la novela en sí y, con todo, no destruye completamente el concepto de la idea de fondo y de la secuencialidad novelesca, aunque sí las retuerce cuanto puede.

Para mí, lo más difícil y lo más interesante del libro ha sido la mirada permanente a España desde el punto de vista de quien reside en el extranjero. Muchas veces me he sentido identificado con la experiencia de estar fuera, con la que ya había conectado en aquel “Season of Migration to the North” de Tayeb Sali cuya trama, a pesar de todo, apenas recuedo; la experiencia de hablar de España con los que se encuentran en situaciones similares a la tuya; y con la experiencia de volver, como quien dice, de turista. Esto es, probablemente, el fondo del libro y el poso que deja en quienes comparten experiencias similares. Y a pesar de todo, el libro es denso y aburre y enardece y poco a poco, a ratos, te impide despegar los ojos de sus párrafos; a veces te sacude con inserciones de textos completamente ajenos a la ficción y otras languidece con largos monólogos en lenguas extranjeras. Un libro cuanto menos curioso, hijo de su tiempo y, aún así, siniestramente vigente.

escrito en español | leído en español

LA TÍA TULA – miguel de unamuno

Algo debe de cambiar en los colegios e institutos para que se inculque la curiosidad hacia nuestros libros clásicos. Miguel de Unamuno, uno de los grandes genios de la Generación del ’98, tantas veces estudiada, a mí, el gran lector, que de niño devoraba todo lo que se me ponía por delante con más de dos frases, me tenía una pinta de tipo aburrido de mucho cuidado. Y cuando al fin he leído algo suyo, “La tía Tula“, me ha gustado tanto que me ha sorprendido muchísimo.

Tula, diminutivo de Gertrudis, es muchas cosas; entre ellas virgen y sobre todo madre. Esta contradicción es el eje del relato, que gira en torno a Tula casi con exclusividad. Todos los otros personajes son secundarios e importan en cuanto a su relación con Tula. El mundo interior de Tula es contradictorio sin ser del todo negro o blanco: lo carnal se enfrenta a lo espiritual, lo materno a lo paterno, lo masculino a lo femenino, la religión al pecado…; y sin embargo, es un mundo que tiene un objetivo claro: criar a sus hijos según los más puros preceptos cristianos. ¡Ay! La que con esta premisa lía Unamuno, un tipo simpático debió de ser.

Me ha sorprendido el libro por muchas razones, y creo que todas ellas gratas. Desde mi perspectiva actual, me ha llamado la atención cierto olorcillo a feminismo (¿feminismo en un hombre de su época?). En fin, no digo más. Léanlo. Si se escoge la edición de los Clásicos españoles de El País, recomiendo encarecidamente saltarse la introducción o leerla tras terminar el libro. Es un SPOILER así, con mayúsculas.

escrito en español | leído en español

EL LOBO ESTEPARIO – hermann hesse

Raro de narices: esta impresión me he llevado mientras leía este relato surrealista y fantástico. Con su no saber por dónde avanzará el hilo argumental y su patetismo, comenzó gustándome más bien poco. Sólo continué la lectura empujado por su prosa sencilla y los pocos puntos luminosos en la larga secuencia gris del relato. De repente, todo comienza a cambiar y el tedio de la vida se mezcla con la novedad, la fiesta y la bacanal, para terminar en un espectáculo ciertamente surrealista que explora la forja de la personalidad y las múltiples posibilidades que tiene el ser humano para conducir la propia vida y sentirse satisfecho de ella, con sus bondades, sus consecuencias y sus vicios; vivir, al cabo.

Mucho me ha recordado a otros libros, o quizá sea al revés y sea Hesse, ampliamente leído durante el siglo XX, el que ha escrito obras influyentes. Las referencias a los inmortales me han recordado al relato breve homónimo de Borges, donde Homero y otros grandes campan en un paraje surrealista; el teatro mágico de El lobo estepario tiene un aire al aleph de El Aleph, también de Borges, y la dualidad entre Harry y Armanda, lo culto y lo inculto, la represión interna y la manera sencilla de entender el mundo, tiene su eco en la Rayuela de Cortázar; también ese diálogo interno acerca de las motivaciones del suicidio suena a algo conocido, a El mito de Sísifo de Camus. Sospecho que, de conocer mejor a Nietzche, encontraría también referencias a su obra.

Quizá se trate, ante todo, de una novela psicológica que explora la formación de la personalidad y su carácter cambiante. Libro hijo de su tiempo y de una ideología anti-nacionalista, critica duramente a la burguesía, la sociedad y el nacionalismo alemán. Es, a fin de cuentas, un libro difícil de resumir y de difícil asimilación pese a la claridad con que las ideas están expuestas y a lo fácil que resulta leerlo. Incluso, sorprende que un libro de contenido tan denso sea tan sorprendentemente fácil de leer. Quizá todo el mundo debiera leerlo.

escrito en alemán | leído en español

AN INLAND VOYAGE – robert louis stevenson

En 2013 me mudé al extranjero y desde entonces no he parado de viajar. Me encanta conocer sitios nuevos y disfruto con la simple contemplación de un mapa. Cuando, en mi primera visita a Notting Hill en 2014, topé con este librito, una crónica de un viaje en canoa realizado por Stevenson, no pude resistir la tentación de comprarlo, aunque no ha sido hasta ahora, tres años después, que me he dispuesto a leerlo.

Stevenson es un viejo conocido, ¿cómo no? De niño leí “La isla del tesoro” y de adolescente me sorprendió “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde“, novelas ambas que leí en español. “An Inland Voyage” es anterior a sus grandes novelas y describe el viaje del autor y un amigo desde Amberes hasta El Havre, pasando por varios canales y descendiendo por el río Oise. La descripción de los paisajes, aunque existente, toma un segundo plano frente a las impresiones que al autor le merecen las gentes de cada lugar e incluso las condiciones climáticas. Son constantes las referencias a las tormentas, hasta el punto de dar la impesión que Stevenson se pasó el viaje remando bajo la lluvia, calado de la cabeza a los pies. Su amor por las iglesias, por el positivismo como modo de vida y su curiosidad por las gentes sencillas, que pone en su justo lugar con una cierta ironía, son también recurrentes. Algo similar puede decirse de Inglaterra y del protestantismo, que Stevenson compara, consciente o inconscientemente, con los países que visita y sus diferentes usos religiosos.

De lectura fácil y tono que a veces recuerda, aunque sin llegar a tanta cota humorística, a “Three Men in a Boat“,  el libro se hace agradable, a lo que ayudan sus capítulos cortos y su estilo linear. Un pequeño y dulce bocado a la literatura de viajes.

escrito en inglés | leído en inglés

FOE – j. m. coetzee

Mi primera aproximación a Coetzee ha resultado extraña como extraño es el inicio del libro. Se toma prestada la figura de Daniel Defoe, el escritor británico conocido por haber escrito “Robinson Crusoe“, así como su novela. Sólo que no es Defoe sino Foe -un juego de palabras a lo que parece, ya que foe en inglés significa “enemigo” o “adversario”-, y Cruso en lugar de Crusoe, los personajes que pueblan su novela. Sólo Viernes continúa siendo Viernes, aunque uno muy distinto al novelado por Defoe.

La isla está desierta y es aburrida, desprovista de caníbales y peligros. La voz narradora no es la de Crusoe sino la de una mujer llamada Susan Barton que arriba a la isla que Cruso ya habita con Viernes. No conocemos sino retazos de su historia y ella se empeña en negárnosla, centrándose en las de Cruso y Viernes. La isla, al cabo, no es sino un pasaje de la novela yuxtapuesto a otros, de tal manera que me ha recordado al ideal novelístico expuesto por Milan Kundera en “El arte de la novela“. La historia de Susan y Viernes, la mujer náufraga y el esclavo africano, se mezclan entonces con las del escritor Foe. Todo resulta en un embrollo y una búsqueda y una disertación literaria y existencial irresoluta.

No sé qué impresión sacar de este relato. Empezó gustándome mucho, con todas sus referencias a “Robinson Crusoe“, historia que leí con once años. Contraponiendo todo lo contraponible a la novela clásica, Coetze utiliza un estilo propio; su literatura ha tenido en mí el curioso efecto de creerme leyendo una novela de fondo más moderno que su edad real y, sin embargo, con un vocabulario propio de historias más antiguas. Aunque mis expectativas respecto a la trama eran otras. Pensé que la reproducción de la novela de Defoe desde una perspectiva contemporánea y, sin embargo, en su tiempo histórico, serviría como excusa para hilvanar la novela completa. Después descubrí que era excusa, sí, aunque para comenzar una novela diferente. Tras leer la primera parte me había ido imaginando algo distinto; algo similar, si se quiere, al “Pierre Menard, autor de El Quijote” de Borges.

Aún así, he pasado un buen rato leyendo este libro. Los adjetivos que me vienen a la cabeza para describirlo son extraño, original, atrevido y raro.

escrito en inglés | leído en inglés