HOW TO READ LONDON – chris rogers

Sí, la primera vez que visité Londres me pareció una ciudad fea. No, mi opinión no ha cambiado demasiado.

Londres es una ciudad increíblemente compleja, cuyo planeamiento urbanístico es anecdótico históricamente y donde, insertados en una trama de base georgiana -extensa, monótona, residencial- han aparecido como setas una serie de centros urbanos modernos. En plata: es un caos. Su arquitectura también lo es, y eso la vuelve interesante.

Es una de esas ciudades en las que, a pesar de no ser especialmente hermosas -con excepciones, pues algunas zonas son muy bonitas y otras ciertamente pintorescas-, es rica en monumentos de toda clase. Es también una ciudad inabarcable… Pero vayamos a lo que nos ocupa: “How to read London. A crash in London architecture“. No me he equivocado con tanta minúscula, así viene escrito.

El libro forma parte de una serie en la que también aparecen París y Nueva York. Su diseño es sencillo y eficaz. Siguiendo un orden cronológico, cada capítulo acomete una época vagamente definida por su unidad estilística, incluyendo una brevísima introducción y el análisis somero de edificios destacables, cada uno de los cuales ocupa una primera página que muestra una fotografía y resalta su importancia, y una segunda en la que se explican mediante dibujos y párrafos muy cortos los detalles más reseñables de su arquitectura. Un mapa indica al final de cada capítulo la localización de cada edificio. Eso es todo. Muy simple, diría que infantilmente simple, ¡y funciona!

El libro es capaz de proporcionar una buena introducción a la arquitectura londinense y, lo que es más, se centra en detalles arquitectónicos más que en los históricos o los artísticos, al contrario que otros libros de este tipo. Por supuesto, no aporta una inmersión profunda en la arquitectura de la ciudad y creo que no resulta suficiente para entender por qué cada edificio surgió en su época y en su sitio particular. Para una comprensión mejor y una visita guiada más completa hay que acudir a libros como la completa “Guide to the Architecture of London“, de Edward Jones y Christopher Woodward, que quizá algún día comente en este blog, aunque terminar un libro como éste es una tarea titánica.

Quizá el gran valor de este libro sea su sencillez, pues es capaz de alcanzar muchos públicos diferentes y de enseñar arquitectura con un diseño bastante atractivo y muy pocas explicaciones, tanto escritas como gráficas.

escrito en inglés | leído en inglés

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STONER – john williams

Corría el año 2014 y yo me encontraba en Londres. “Stoner”, una novela publicada en la década de 1960, había sido reeditada cincuenta años después y se había convertido en un fenómeno de ventas y de crítica. Nadie se explicaba su éxito repentino ni su olvido absoluto dentro del canon literario del siglo XX. Decidí comprarla.

El verano de 2014 fue difícil. Lo pasé recorriendo lugares históricos de Inglaterra, casi siempre sin compañía, en mi cabeza le daba vueltas y vueltas a ciertas cosas y me sentía solo. No me apetecía leer una novela cuyo primer párrafo, magnífico pero desazonador, evocaba imágenes de resignación y futilidad. Coloqué el libro en la estantería y me olvidé de él hasta que, con curiosidad y un cierto rechazo, decidí abrirlo hace unos días.

Y me encantó. La prosa, sin asomo de ostentación, como queriendo reflejar la poca ambición de su protagonista, fluye entre las páginas de una novela que ha necesitado muy poco para atraparme. Creo que es una de las historias más sencillas que he leído en inglés, a veces incluso he dudado de su calidad literaria y, sin embargo, ¿cómo dudar? “Stoner” enfrenta los problemas de la vida misma. Y aunque quizá, para mi gusto, se centra demasiado en lo negativo, cuando en realidad no tiene por qué ser así, positividad y negatividad están presentes en las situaciones más mundanas y, por eso mismo, la novela me parece muy humilde y humana. Los grandes temas de la vida, los que nos importan, están aquí: el final de la niñez, el estudio, el descubrimiento de la pasión por lo que uno hace o produce, el tedio del trabajo, la satisfacción con el trabajo bien hecho, la amistad, el amor, el matrimonio, las rencillas personales, la carrera profesional, el buen y el mal decir de la gente sobre uno, la paternidad, la soledad, la frustración, la resignación, el sentido de la vida y su falta de sentido, el conocerse poco a poco a uno mismo y sorprenderse con las cosas que uno jamás hubiera pensado ser capaz de hacer, buenas o malas. No hay temas grandilocuentes. Ningún cambio brusco de guión, ningún golpe de mano puramente novelesco.

Tampoco, casi, grandes disertaciones existenciales o moralistas. Y cuando, de repente, aparecen, tocan el alma: “In his forty-third year William Stoner learned what others, much younger, had learned before him: that a person one loves at first is not the person one loves at last, and that love is not an end but a process through which one person attempts to know another“.

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STAG’S LEAP – sharon olds

Sharon Olds escribió este libro a consecuencia de la ruptura de su matrimonio, después de treinta años junto a su pareja. He de confesar que he evitado su lectura durante algún tiempo y, ahora que paso también por una situación dura, quizá a manera de expurgación o de cura o simplemente comprensión, lo he leído de una tacada.

Pese a que su estilo, a veces, se me atraganta un poco (esa prosa exagerada hasta la falta de lirismo, esos encabalgamientos continuos, ese descuido con las asonancias), el poemario me ha gustado -y creo que ayudado- por su sinceridad extrema, sus verdades como puños, su sentimiento y su aceptación, a veces, de lo ilógico. Y sobre todo por su visión sincera de las cosas y por su no callarse nada. También, claro, hay poemas, hay versos, que son una delicia. Me han tocado muchísimo aquellas dos últimas dos últimas estrofas de “Last Look” (and I saw, again, how blessed my life has been, / first, to have been able to love, / then, to have the parting now behind me, / (…) / and not to have lost him when he loved me, and not to have / lost someone who could have loved me for life), o aquellos finales de “Discadied” o de “Slowly he Starts” e infinidad de versos sueltos, afilados como puñales.

Quizá relea sus poemas. No lo sé; resultan tan duros.

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AN INLAND VOYAGE – robert louis stevenson

En 2013 me mudé al extranjero y desde entonces no he parado de viajar. Me encanta conocer sitios nuevos y disfruto con la simple contemplación de un mapa. Cuando, en mi primera visita a Notting Hill en 2014, topé con este librito, una crónica de un viaje en canoa realizado por Stevenson, no pude resistir la tentación de comprarlo, aunque no ha sido hasta ahora, tres años después, que me he dispuesto a leerlo.

Stevenson es un viejo conocido, ¿cómo no? De niño leí “La isla del tesoro” y de adolescente me sorprendió “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde“, novelas ambas que leí en español. “An Inland Voyage” es anterior a sus grandes novelas y describe el viaje del autor y un amigo desde Amberes hasta El Havre, pasando por varios canales y descendiendo por el río Oise. La descripción de los paisajes, aunque existente, toma un segundo plano frente a las impresiones que al autor le merecen las gentes de cada lugar e incluso las condiciones climáticas. Son constantes las referencias a las tormentas, hasta el punto de dar la impesión que Stevenson se pasó el viaje remando bajo la lluvia, calado de la cabeza a los pies. Su amor por las iglesias, por el positivismo como modo de vida y su curiosidad por las gentes sencillas, que pone en su justo lugar con una cierta ironía, son también recurrentes. Algo similar puede decirse de Inglaterra y del protestantismo, que Stevenson compara, consciente o inconscientemente, con los países que visita y sus diferentes usos religiosos.

De lectura fácil y tono que a veces recuerda, aunque sin llegar a tanta cota humorística, a “Three Men in a Boat“,  el libro se hace agradable, a lo que ayudan sus capítulos cortos y su estilo linear. Un pequeño y dulce bocado a la literatura de viajes.

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FOE – j. m. coetzee

Mi primera aproximación a Coetzee ha resultado extraña como extraño es el inicio del libro. Se toma prestada la figura de Daniel Defoe, el escritor británico conocido por haber escrito “Robinson Crusoe“, así como su novela. Sólo que no es Defoe sino Foe -un juego de palabras a lo que parece, ya que foe en inglés significa “enemigo” o “adversario”-, y Cruso en lugar de Crusoe, los personajes que pueblan su novela. Sólo Viernes continúa siendo Viernes, aunque uno muy distinto al novelado por Defoe.

La isla está desierta y es aburrida, desprovista de caníbales y peligros. La voz narradora no es la de Crusoe sino la de una mujer llamada Susan Barton que arriba a la isla que Cruso ya habita con Viernes. No conocemos sino retazos de su historia y ella se empeña en negárnosla, centrándose en las de Cruso y Viernes. La isla, al cabo, no es sino un pasaje de la novela yuxtapuesto a otros, de tal manera que me ha recordado al ideal novelístico expuesto por Milan Kundera en “El arte de la novela“. La historia de Susan y Viernes, la mujer náufraga y el esclavo africano, se mezclan entonces con las del escritor Foe. Todo resulta en un embrollo y una búsqueda y una disertación literaria y existencial irresoluta.

No sé qué impresión sacar de este relato. Empezó gustándome mucho, con todas sus referencias a “Robinson Crusoe“, historia que leí con once años. Contraponiendo todo lo contraponible a la novela clásica, Coetze utiliza un estilo propio; su literatura ha tenido en mí el curioso efecto de creerme leyendo una novela de fondo más moderno que su edad real y, sin embargo, con un vocabulario propio de historias más antiguas. Aunque mis expectativas respecto a la trama eran otras. Pensé que la reproducción de la novela de Defoe desde una perspectiva contemporánea y, sin embargo, en su tiempo histórico, serviría como excusa para hilvanar la novela completa. Después descubrí que era excusa, sí, aunque para comenzar una novela diferente. Tras leer la primera parte me había ido imaginando algo distinto; algo similar, si se quiere, al “Pierre Menard, autor de El Quijote” de Borges.

Aún así, he pasado un buen rato leyendo este libro. Los adjetivos que me vienen a la cabeza para describirlo son extraño, original, atrevido y raro.

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GRANTA 131. THE MAP IS NOT THE TERRITORY – vv.aa.

Granta es una revista creada por la universidad de Cambridge que pretende ser referente de las nuevas tendencias literarias y aúna la ficción con la poesía, el ensayo, la crónica, el teatro y la fotografía. Este número es el primero que leo y me llamó la atención porque su título me recordó a The Map and the Territory (“El mapa y el territorio“), de Michel Houellebecq. Nada más lejos de la realidad, pues el título parece ser mera coincidencia. Como aclara su introducción, “The phrase was coined by the scholar Alfred Korzybski in the early 1930s (…) [and] the pieces in this issue of Granta are all concerned, in one way or another, with the difference between the world as we see it and the world as it actually is“.

He encontrado en esta revista relatos de gran calidad, la mayoría de los cuales me han enganchado desde el principio. “The Gentlest Village” de Jesse Ball, extracto de su novela “A Cure for Suicide“, es un interasante diálogo entre alguien que descubre el mundo tras haber perdido la memoria y su maestra; temas mundanos están enfocados desde la inocencia y la curiosidad de maneras que atraen por chocantes. “Dreamed in Stone“, de Jon Fosse, cuenta con un gran componente lírico que toma de base una avalancha que nadie ha visto. “Her Lousy Shoes“, de Tracy O’Neill, es un relato que me ha parecido muy americano; de alguna manera me ha recordado a las novelas de Updike. Critica con ironía mordaz las modas que en este siglo XXI invitan a mejorar sin descanso, física, mental y saludablemente. Aunque me costó entrar en la historia, terminó por ser una de las que más me ha gustado e invitado a reflexionar. “The Florida Motel” es un relato algo más duro firmado por Kevin Canty. Cuenta la visita de una viuda al lugar donde murió su marido y sus trabajos para descubrir algo más sobre la vida de este último. “Nothing Ever Happens Here“, de Ottessa Moshfegh, relata la historia de un joven de Utah que se dirige a Los Ángeles para tratar de convertirse en un actor exitoso, prestando atención a su inmadurez y a su curiosa combinación de ambición y resignación. Finalmente, “The Buzzard’s Egg” es una bella parábola de China Miéville sobre la guerra y la derrota.

Las obras de no-ficción no se quedán atrás en intensidad y quizá sean lo mejor de este número de Granta. La mayoría son muy duras de leer. “Life and Breasts“, de Ludmila Ulitskaya, relata la odisea de la autora para operarse y recuperarse tras ser diagnosticada de cáncer de mama. Es también una crítica a la corrupción del sistema de salud ruso. “Mother’s House“, de Raja Shehadeh, es una invitación a reflexionar sobre la eutanasia desde la perspectiva de un hijo que desea que su madre tenga una muerte digna. “After Zero Hour“, de Janine di Giovanni, narra experiencias de la periodista y gente de su entorno en Bagdad antes, durante y después de la guerra de Iraq; recoge la frágil razón de ser de la nación iraquí y explica por qué la guerra ha dividido a los iraquíes y ha destruido, probablemente, ese concepto. “The Battle for Kessab“, de Charles Glass, es una interesante crónica de la asombrosa invasión turca a Kessab durante la todavía vigente guerra de Siria. Kessab es la única ciudad siria de mayoría armenia y le sirve a Glass para repasar la historia reciente del pueblo armenio.

Los poemas recogidos en este volumen me han parecido de calidad inferior a las historias ya mencionadas. Me han hecho sonreír y contienen algunos hallazgos formales, pero no me han obligado a pararme a releerlos ni se han fijado a mi memoria ni me han sorprendido demasiado. Con esto no quiere decir que sean malos, sino que algunos de los relatos y la mayoría de obras de no-ficción han sabido llegar más hondo. Son obras de John Ashbery, Kathryn Maris, Peter Gizzi y Sandra Simonds.

Respecto a los dos reportajes fotográficos contenidos aquí, me ha gustado mucho “Traces II“, de Ian Teh, que documenta las consecuencias de la contaminación a lo largo del curso del río Amarillo en 2014 con bellísimas fotografías desvaídas acompañadas de textos breves. “Observatoires“, de “Noémie Goudal, explora la emoción estética de formas arquitectónicas brutalistas sacadas de contexto.

Además de estas obras, Granta 131 incluye una obra teatral, “Krapp Hour (Act 2)“, de Anne Carson. Empezando por el título, estamos ante un experimento formal que parece tratar de expandir los límites del lenguaje y de la inteligibilidad del mensaje. Está también “The Archive“, de Sebastià Jovani, que presenta un método para analizar narraciones de ficción de manera visual.

En conjunto, Granta me ha parecido un hallazgo maravilloso. Encuentro muy interesante la mezcla de géneros y de idiomas, pues aunque la revista se publica íntegramente en inglés, recoge historias escritas originalmente en varios idiomas y provenientes de diversas partes del mundo. Me parece una lectura muy recomendable e intentaré conseguir otros números.

escrito en inglés, noruego, español, ruso | leído en inglés

GERMANY. MEMORIES OF A NATION – neil macgregor

coverEste libro habla de historia, de arte y de sociedad sin ser un libro histórico, artístico ni social. Neil MacGregor, que ha dirigido la Galería nacional y el Museo británico londinenses, toma ciertos objetos, a menudo artísticos, como símbolos reconocibles por cualquier alemán para recostruir su historia; pero no cualquier historia, sino aquélla que sigue siendo parte del imaginario público y que ha moldeado la conciencia y la idiosincracia nacionales de la Alemania de hoy.

Así, objeto por capítulo, nos explica la ambigüedad germana ante la historia con el arco triunfal de Múnich, la Siegestor, la importancia de la Liga hanseática con un retrato, la cumbre del romanticismo y el inicio del nacionalismo con Blancanieves, la diplomacia dieciochesca con la cerámica de Sajonia y un largo etcétera que nos lleva desde los tiempos romanos hasta el año 2015. Las principales gestas y miserias del pueblo germano -o los pueblos germanos- son descritas en su contexto histórico así como en el imaginario público en épocas posteriores y en la actual, tras ser interiorizados y volverse memoria colectiva.

Acompañado de abundantes fotografías y algunos mapas, creo que el libro es una buena recopilación de la historia alemana. Algunos de sus capítulos son bien conocidos y otros, bastante oscuros para quienes no somos alemanes. El libro en sí es bastante anglosajón en su concepción y la manera de expresarse, original. Neil MacGregor actúa como un narrador, casi un moderador que cede la palabra a expertos y personalidades del pasado y del presente, intercalando sus textos con multitud de citas. Este enfoque, aunque original como parte insustituible en una narración única, es a veces revelador y otras cansino; sin embargo, es siempre parte inherente del libro.

Los capítulos se entrelazan y algunos símbolos, revisados a la luz de otra época o sustituidos por símbolos similares, son retomados una y otra vez, hilando una narración coherente que guía al lector  por las obsesiones y las metas de una nación. Es un libro que me ha gustado y con el que he aprendido bastantes cosas que no sabía sobre Alemania, un país cuya historia, lengua y poblaciones me atraen.

escrito en inglés | leído en inglés