THE POETRY REVIEW 105:3 – vv.aa.

En junio me eché la mochila al hombro, compré un billete de ida a Trieste y otro de vuelta desde Dubrovnik, y pasé buena parte del mes mochileando por los Balcanes, conociendo varios de los países que formaron la antigua Yugoslavia. En mi mochila, no muy grande, decidí meter un grueso volumen de relatos cortos, pensando que por fin tendría tiempo para sentarme a leer a gusto, una vez terminada cada jornada. Nada más lejos de la realidad. He descubierto que la expresión “viajar solo” es un mero eufemismo tras el cual se oculta una inmensa cantidad de gente; estar solo es, de hecho, casi imposible, y uno ha de hacer un verdadero esfuerzo para estarlo. Así que, al final, únicamente abrí el libro en mi viaje de ida y en el de vuelta, y ahora está sobre la mesa mirándome, esperando a que algún día lo termine y lo comente en esta humilde bitácora.

Al volver dejé aparcado los relatos para terminar este número de “The Poetry Review“, una revista británica que aúna pequeñas antologías de poetas emergentes, algún ensayo, críticas poéticas realizadas por poetas y una serie de críticas profesionales sobre libros de publicación reciente. He de decir que no me he molestado en leer a fondo las críticas profesionales, aunque sí me he interesado por las de los poetas y, de hecho, he encontrado reflexiones interesantes sobre traducción en el comentario de Sarah Howe acerca de la poética de Peter Streckfus, así como en el ensayo de Sophie Collins sobre versiones anglosajonas de poesía oral afgana.

Sobre los poemas en sí, de todo hay, y no todo de mi gusto, aunque mi gusto poético es quizá algo restringido. Dos poemas me han llamado la atención poderosamente: El primero, “The Last of the Handshakers” de James Giddings (“I am the last and I will shake everyone´s hand: / the smooth, the calloused, even those with an allotment / of oniony warts sprouting at the webs of their fingers“), que contiene una reflexión -o del que yo extraigo una reflexión- muy interesante sobre ciertos comportamientos sociales considerados cívicos; y “Hermes“, de Julian Stannard, un poema sobre homosexualidad y abuso donde la maldad no queda clara o al menos no se vocea (“Uncle Billy says if you´re feeling horny / you need to act on it and the beaches are / driving me nuts. He doesn´t mind I’m into girls“).

Es posible que vuelva a comprar esta revista. Echo de menos más poemas y de más algunas críticas, aunque, dado el título de la publicación, esperar otra cosa sería engañarse.

escrito en inglés | leído en inglés

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BOOK OF LONGING – leonard cohen

Repaso rápido: Leonard Cohen, además de un cantautor genial, algunas de cuyas canciones han sido versionadas muchas veces -“Hallellujah“-, fue también otras cosas, entre ellas novelista y poeta, además de aficionado al dibujo.

He tenido mis “épocas Cohen”. Me gustaba tocar y cantar “Who by Fire” -porque mi limitada habilidad con la guitarra no me permitía tocar “The Partisan“, a pesar de que es una canción sencilla. Cuando vi este “Book of Longing“, una antología de su poesía, creo, tardía, no sabía muy bien si me iba a gustar; al fin y al cabo, Cohen para mí era un cantante y no tanto un poeta. He de decir que el libro me ha gustado; a ratos, incluso, me ha gustado mucho. Es un libro curioso, cuyos poemas me han atraído con el misterio tan propio de su autor y con sus mensajes vagamente descifrables. Su estilo me ha parecido algo infantil, porque su lenguaje es ligero, la rima sencilla y constante, el tono parece poco madurado y los temas tan universales como propios de la adolescencia: eso, acaso, sea algo que comparte con el estilo pop. Y sin embargo esta infantilidad, en Cohen, no es un demérito. El ritmo suele estar muy bien marcado, los juegos de palabras son constantes, hay -aunque contados- encabalgamientos geniales, su falta o aparente falta de madurez añade frescura. Sobre todo, son poemas con los que uno puede indentificarse y que pueden hacer pensar, o simplemente hacer pasar un buen rato. Y eso, para mí, lo hace un buen libro.

La presentación del libro es también curiosa, con dibujos de Cohen por todas partes que, a veces, obligan a los poemas a evitarlos e incluso serpentear entre ellos. Aunque la idea me ha parecido buena, si vuelvo a ver el mismo dibujo repetido una vez más con sombras de Photoshop o marca de agua, muerdo a alguien. No estoy seguro si el resultado le hace un favor o un feo al libro. Cada cual que juzgue por sí mismo.

escrito en inglés | leído en inglés

ALMOST THE EQUINOX – sarah maguire

Adquirí esta antología porque, al ojear sus páginas en la librería, di con un poema conocido que -me sonaba, creía- un periódico habían reseñado en un artículo a propósito de la autora.

Lo cierto es que si bien los poemas de este libro son resueltos y están pulidos, pocos me han llegado lo bastante hondo. Muchos toman de partida las plantas, nada sorprendente ya que la autora es jardinera, y utilizan vivencias personales para contar temas universales con un estilo narrativo. Al final del libro, un breve y curioso anexo explica las historias detrás de algunos de los poemas.

Es curioso que, a pesar de que los poemas abundan en cultismos botánicos, son ajenos a otros artificios léxicos. Algunas adjetivaciones me han llamado la atención. Hay también asociaciones de palabras muy bien buscadas, especialmente en relación con el sexo, y hay poemas que me han gustado mucho en su conjunto, como “Tidemarks”.

En general la prosa de Maguire me ha parecido calmada, alejada de grandes emociones y más propicia para la contemplación y el pensamiento.

escrito en inglés | leído en inglés 

POESÍA ESPAÑOLA 1935-2000 – vv.aa.

Esta antología, que llevaba durmiendo el sueño de los justos en una estantería desde que la comprara en Coruña en 2009 o 2010, ha resultado una grata sorpresa.

Planteada como una antología didáctica que, de hecho, incluye una sección de ejercicios escolares, hace un repaso por la producción poética española posterior a la Generación del ’27 a través de 47 autores y 258 poemas, distribuidos cronológicamente en cuatro grupos o “generaciones”. Sospecho que las muestras breves y bastante homogéneas de cada autor responden a una convención más o menos injustificada de clasificarlos en una u otra generación, por otro lado muy próximas en el tiempo, sin atender realmente a la trayectoria total de cada poeta. Quizá esto haya provocado ausencias notables de las que no me he percatado. Además, como corresponde a una concepción prudente, los autores más antiguos y, por tanto, más asentados en la crítica, son mayoría; un efecto resultante es que la selección parece demasiado tradicional.

Con todo, la antología me ha parecido muy didáctica, me ha gustado y me ha descubierto algunos autores con los que he disfrutado mucho y que desconocía o a los que, al menos, no recuerdo haber leído con anterioridad. Aquí destaco a Carlos Edmundo de Ory, José Agustín Goytisolo, Miguel d’Ors y Luis Alberto de Cuenca.

escrito en español | leído en español

EPICEDIO AL PADRE – orlando mondragón

La primera vez que leí a Orlando, él era un crío. Los dos lo éramos. Nos conocimos en cierto portal poético hace ahora diez años y, en aquel primer poema suyo, sus prisas y sus faltas palidecían ante su ambición y, sobre todo, ante una sensibilidad poética singular que me atrajo desde el principio. Sus poemas rebosaban lirismo hasta el punto de que daban ganas de zarandearle y pedirle contención y, sin embargo, su belleza era innegable. Comenzamos a hablar sobre poesía. De Orlando he aprendido muchas cosas; él me enseñó a Wislawa Szymborska y también a Sharon Olds, aunque quizá su mayor influencia sobre mí no tenga relación alguna con la poesía.

Ha llovido mucho desde entonces y la poesía de Orlando ha cambiado notablemente. Su lirismo adolescente se refinó primero con metáforas propias y localismos -la figura recurrente de los pájaros, el paisaje lírico mejicano-, para moderarse después con cualidades narrativas más contenidas. A esta última fase pertenece su “Epicedio al padre“, donde desgrana las impresiones que le merece la relación entre su padre, enfermo de alzhéimer y que no acepta su homosexualidad, y él mismo, que no sabe cómo comportarse ante el derrumbamiento físico y psíquico de su progenitor, cuya decadencia en cierta medida desmitifica su figura. La obra ha merecido el IV premio de poesía joven Alejandro Aura de Méjico.

Quizá siguiendo el ejemplo de las coplas de Manrique -Orlando, sé que las has leído-, el libro es tanto una oda sentida a la figura paterna como un diario introsprectivo donde cabe la cavilación y la duda; quizá, también un cierto arrepentimiento. Ahora que caigo, en diez años de conversaciones Orlando me ha hablado de algunos miembros de su familia, pero jamás de su padre. He tenido que esperar una década para saber algo de él, así, de esta manera.

escrito en español | leído en español

BRIDE OF ICE: NEW SELECTED POEMS – marina tsvetaeva

A. me recomendó leer  a Tsvetaeva y yo, que jamás había oído hablar de ella, le pedí que me prestara algún libro. Pero A. es italiana y yo no hablo italiano, así que la cosa quedó ahí. Apenas unos pocos meses después y de pura casualidad, me topé con esta antología en inglés cuya traducción, además, viene avalada por por la Poetry Book Society.

Los primeros poemas no me gustaron. Tsvetaeva comenzó a escribir muy joven y pronto se hizo un nombre en su Rusia natal. A mí todo me resultaba complicado en sus poemas; me parecían un batiburrillo de imágenes y figuras con, además, multitud de referencias a cuentos y leyendas rusas acerca de las que no sé nada. Mi impresión es que había demasiado; demasiado de todo, demasiada ficción y demasiados saltos. Así, en general.

La traducción no ayudaba y me empecé a preguntar por qué venía recomendada por la Poetry Book Society, así que me puse a leer las notas de traducción que aparecen al comienzo y al final del libro. Fue un acierto. Aunque no son ni mucho menos extensas, el mero hecho de entender que la métrica y muchos de los efectos poéticos de Tsvetaeva tiene la sintaxis como base, ayuda. Recordé que el ruso tiene 6 casos gramaticales y esto es imposible de traducir al inglés. Además, por lo que sé de otros idiomas eslavos, es probable que sea muy versátil, de manera que el orden de los sintagmas es increíblemente flexible y cada organización predispone una impresión estética distinta. Esto, de nuevo, es intraducible al más rígido inglés en muchos casos. Había más, y lo leí todo. Después leí la biografía de la autora (muy interesante) y volví a la lectura de sus poemas con una comprensión y una paciencia mayores.

Y se obró el milagro. Poco a poco me fueron gustando más. He de decir que no disfruté demasiado con “On a Red Horse“, ciclo poético de uno de cuyos versos se extrae el título del libro. Me sorprendieron, aunque no me gustaron mucho, los poemas extraídos de “Girlfriend“, que fueron escritos entre 1914 y 1915 y abordan el amor lésbico. Sí disfruté, y mucho, con los ciclos poéticos “Poem of the Mountain“, “Poem of the End” y “Poems to a Son“,  y con el poema suelto “An Attempt at Jelousy”, que me parecieron lo mejor de esta antología. Los dos primeros ciclos y el poema suelto hablan del final del amor, del sentimiento de pérdida y de las ganas de volver a algo que ya no está. Creo que Tsvetaeva fue una maestra en transmitir estos sentimientos. Acaso escribiera para purgarlos.

escrito en ruso | leído en inglés

STAG’S LEAP – sharon olds

Sharon Olds escribió este libro a consecuencia de la ruptura de su matrimonio, después de treinta años junto a su pareja. He de confesar que he evitado su lectura durante algún tiempo y, ahora que paso también por una situación dura, quizá a manera de expurgación o de cura o simplemente comprensión, lo he leído de una tacada.

Pese a que su estilo, a veces, se me atraganta un poco (esa prosa exagerada hasta la falta de lirismo, esos encabalgamientos continuos, ese descuido con las asonancias), el poemario me ha gustado -y creo que ayudado- por su sinceridad extrema, sus verdades como puños, su sentimiento y su aceptación, a veces, de lo ilógico. Y sobre todo por su visión sincera de las cosas y por su no callarse nada. También, claro, hay poemas, hay versos, que son una delicia. Me han tocado muchísimo aquellas dos últimas dos últimas estrofas de “Last Look” (and I saw, again, how blessed my life has been, / first, to have been able to love, / then, to have the parting now behind me, / (…) / and not to have lost him when he loved me, and not to have / lost someone who could have loved me for life), o aquellos finales de “Discadied” o de “Slowly he Starts” e infinidad de versos sueltos, afilados como puñales.

Quizá relea sus poemas. No lo sé; resultan tan duros.

escrito en inglés | leído en inglés