LOS DETECTIVES SALVAJES – roberto bolaño

Cuando yo tenía veinte o veintiún años y devoraba poesía y novela latinoamericanas, le expresé a un amigo mi intención de leer a Bolaño. Resultó que él leía en ese momento un libro de Bolaño y, celoso de sus lecturas sin venir a cuento, como si leer los mismos títulos fuera pecado, me dijo que su mejor amigo y Recomendador Oficial de Libros, amén de excelente crítico oficioso, le había dicho que Bolaño era lo más y que no hacía falta leer ni a Borges ni a Cortázar porque ya estaban contenidos en Bolaño. Por supuesto, mi amigo no había leído ni a Borges ni a Cortázar y yo, que los admiraba con toda mi alma, le cogí una tirria inmerecida a Bolaño que me alejó de sus novelas durante años. Hay libros así, que odias porque a alguien le gustaron o le disgustaron. Algún día quizá supere mis odios y lea a Shakespeare…

A lo que íbamos. “Los detectives salvajes” es una novela abierta, formalmente experimental, estilísticamente llana -que ni mucho menos simple- y mezcla de varios registros. Y sobre todo larga, muy larga. La primera y la última parte son el diario de García Madero, un aprendiz de poeta que se junta con el grupo autodenominado real visceralista. Entre parte y parte del diario se sucede una enorme digresión contada a base de entrevistas que cubren tres continentes y unos veinte años. ¿Hay algo de Borges? Sí, algo hay, aunque ni mucho menos tanto como para que todo Borges esté contenido en el libro. Bolaño más bien parece querer despegarse de la influencia de Borges. Y de Cortázar, otro tanto.

El libro es una delicia. Da pie a la risa, a ponerse cachondo -porque al principio hay sexo para todos los gustos-; luego, a la reflexión, a la tristeza. Es surrealista. Juega con las emociones y la experiencia del lector para hilvanar los hilos que sujetan las tramas. Es mentiroso y desvirtúa la realidad cuando le parece. Al parecer, también contiene muchos elementos biográficos del autor. Es quizá una fiel realidad del Méjico de mediados del siglo XX. Porque si hay un lugar que queda retratado en el libro más que ningún otro es Méjico y, más en concreto, Ciudad de Méjico; la ciudad y sus gentes, la pobreza decente, el cambio de generación, el crecer en aquel lugar y aquella época siendo un un joven, una joven, pobre y con aspiraciones literarias aumentadas; con el ímpetu y la creencia de poder reformar el mundo -reformar la poesía- y ponerla patas arriba. Es un golpe de realidad; si en época de Bolaño el realismo mágico estaba agotado, “Los detectives salvajes” es quizá la vuelta de la magia al realismo. La magia que se agota y se da de bruces contra la realidad. El libro es una delicia.

¿Qué diría Borges? Probablemente y a la vista de la vasta extensión de la novela, que de Bolaño hubiera preferido sus relatos cortos. Pero como yo no soy Borges, diré que el libro me ha encantado. Por ponerle una pega, diré que el final me lo esperaba. Lo esperaba ya desde mucho antes; quizá desde la mitad del libro o quizá desde el comienzo de la segunda parte. Pero el final es una mera excusa. Si es que hay un final.

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CORAZÓN TAN BLANCO – javier marías

No he querido saber, pero he sabido“. El arranque del libro provoca ya un escalofrío y sintetiza su espíritu: la ignorancia, el conocimiento; apenas unas pocas palabras después, aún parte de la misma frase rápida y rebuscada y pensada para atrapar al lector, “no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas” -el matrimonio como otro de los grandes temas del libro- y, sin dar por finalizada la frase, “se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre“, la muerte y la familia, últimos grandes temas de la novela.

Una narración atrapante y excesiva. Excesiva hasta encandilar y, al cabo de unas pocas páginas, odiar. Entendí perfectamente por qué hay quien detesta a Marías. Pensé que un estilo tan abigarrado y barroco -algunos dirían tan refinada y contemporáneamente español- no podría prolongarse más allá de las cincuenta páginas sin comenzar a soltar lastre. Y así fue; llegado al punto de odiar el estilo Marías, las repeticiones comenzaron a espaciarse y, si bien los vaivenes de la historia siguieron la misma línea, me pareció que el estilo del autor se relajó un tanto, alejándose del preciosismo florido e hiperrealista del principio para concentrarse en la historia.

Ahí, en la historia, yace en mi opinión el valor más palpable de este libro por doble motivo. Primero, porque armar una trama mediante una serie de anécdotas y hechos circunstanciales vagamente relaccionados, algo común, aunque tratado de otro modo, en las novelas de detectives, me ha parecido bastante original. Segundo, porque la habilidad de Marías para usar ciertas palabras e imágenes y anticiparse a las sensaciones que crean, así como ligeros saltos temporales, el uso de la ignorancia y el azar, y una reminiscencia sutil del stream of consciousness, crean una serie de sensaciones en el lector -o al menos las han creado en mí- que enriquecen la novela.

Aun tomándome la lectura como un juego, precisamente por la serie de anécdotas y hechos vagamente relacionados, casi relatos en sí mismos y sin embargo, cuyas imágenes tanto sentido cobran en el desenlace, la atención y la intriga han sido constantes. Desde luego me ha gustado. Mucho. No sé si tanto como para encumbrar a Marías al Olimpo de la literatura contemporánea como hacen en algunas partes -hay tantos escritores, y tantos tan buenos-, pero suficiente como para tenerlo en alta estima. Y sobre todo y más importante, he disfrutado muchísmo de la lectura.

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TEATRO (1) – breve reseña

Este cuaderno de bitácora tiene una sección prácticamente vacía dedicada al teatro. Si bien creo firmememente que la dramaturgia contiene valores inherentes a su lectura, lo suyo es ver las obras en escena. Hasta hace unos dos años podía contar con los dedos las obras de teatro que había visto. Todo eso cambió más o menos de repente y ahora, de media, veo representar una obra a la semana. No le hago ascos a casi nada: obras clásicas, versionadas y modernas; teatro de masas y alternativo; conceptos tradicionales, espectáculos, conciertos con lectura teatralizada, musicales, fusiones de teatro con medios audiovisuales; salas de teatros de concepción clásica, modernas y actuaciones al aire libre. Sobre los escenarios teatrales escucho también música clásica, opereta y ópera. Casi todo en Londres, la ciudad donde he descubierto el teatro. Y casi todo en inglés, aunque también obras sueltas en español y alemán. He decidido recordar algunas de las obras que he visto en los últimos dos años y plasmar aquí mis impresiones. Porque hay obras que no debería olvidar.

Si tuviera que elegir una obra, una sola, que haya tocado todas mis fibras, creo que ésa sería The Inheritance (Part I), la primera parte de una monumental obra escrita por Matthew López y dirigida por Stephen Daldry basada en la novela “Howards End” de E. M. Forster, escritor al que todavía no he tenido el gusto de leer. Arrolladora, chocante, profunda, superficial, actual y morbosa, la obra comienza con una suerte de clase en que unos chicos aprenden a escribir. El posible tema de sus escritos lleva a la comparación entre el mundo que hoy se han formado los hombres homosexuales y aquél que vivió la generación anterior en los tiempos de la rápida y letal expansión del sida. La obra es, simplemente, perfecta: la actuación de los personajes, el tema, el desarrollo, los cambios de ritmo, las reflexiones, los chistes; todo. Tres horas más media de descanso que se hacen cortas. Hablando de cambios de ritmo, siempre recordaré aquella escena en que uno de los personajes, apenas un niño, relata su experiencia en un cuarto oscuro de Praga. La escena, que rompe con el tono jocoso anterior, se vuelve misteriosa; después, sensual e incluso sexual, y sospecho que muchos de los allí presentes sintieron ganas de estar en otra parte; después, de repente, el horror. Un horror que paraliza y provoca un sudor frío. Me pareció increíble que tal cantidad de sensaciones intensas pudiera condensarse en apenas unos minutos. Tuve la suerte de ver esta obra en las sesiones previas a su estreno oficial en el Young Vic, el día en que está presente la prensa. Después de eso, lleno total y traslado al West End.

Hay, claro, otras muchas obras que me han causado gran impresión. Ahí está Trainspotting, la obra basada en la novela de Irvine Welsh cuya historia, emplazada en el Edimburgo de los años ’80, cuando la adicción a la heroína era un problema de primer orden, es sencillamente brutal. Su trabajosa interpretación para todos aquellos que no estamos familiarizados con el dialecto scots no es dificultad para disfrutar del humor hilarante de su primera parte y de la brutalidad absoluta de su segunda mitad. Y ahí reside la fuerza de esta obra, en el horror y la violencia, en no creer que lo que estás viendo sea posible y en empezar a creer que no se trata de una simple actuación sino de algo real que sucede delante de tus ojos, apenas a unos palmos de distancia. Ahí entra la magia de un teatro recogido y próximo, The Vaults, con su escena central y alargada, y de una puesta en escena que interactúa groseramente con los asistentes.

Hablando de teatros alargados y pequeños y de obras donde el horror y la pena juegan un papel principal, un clásico: Mother Courage and Her Children, la cumbre del drama alemán escrita por Bertolt Brecht, interpretada en el Southwark Playhouse. Madre Coraje, siempre en movimiento, trata de sobrevivir en esa Polonia devastada por la Segunda Guerra Mundial. Sirviéndose del contrabando y de sus malas artes, porque todo vale para sobrevivir, trata de salvar a sus tres hijos. Arrastra sus pertenencias en un carro, aquél que se convirtió en el símbolo del éxodo germano poco después. Ella logra salvarse mientras sus hijos corren suertes diversas. Este largo alegato antibelicista es difícil de disfrutar. Mantiene alerta y causa lástima.

Cambiando de tercio, una de las obras más originales que he visto ha sido Our Great Tchaikovsky, en The Other Palace. Hershey Felder, único personaje sobre el escenario, hace las veces de narrador y personaje principal. Pianista, repasa los episodios más notables de la biografía del compositor a la vez que interpreta extractos de las piezas que compuso en esos momentos de su vida. La música y las palabras casan a la perfección y, de pronto, en la música de Tchaikovsky cobran sentido sus avatares y sentimientos. Las ganas de superación, la petulancia, el hastío, la homosexualidad forzosamente oculta, el amor, la fama; todo está en su música.

Otra pequeña gran obra: Midnight, un musical casi inverosímil representado en el Union Theatre. Adoro este teatro, pequeñísimo, casi íntimo, donde la obra sucede prácticamente ante tus narices y casi para solamente para ti. Las obras que aquí he visto me han parecido buenas todas, aunque ésta se ha llevado la palma. En la Nochevieja de 1937, una pareja del Azerbayán soviético se dispone a celebrar la entrada en el año nuevo cuando llaman a la puerta. Alguien ha caído por la ventana poco antes y un agente de la NKVD, la policía secreta de Stalin, se persona y pregunta a la pareja si puede descansar un momento en su piso. Lúgubre e ingeniosa, la obra me pareció un auténtico tesoro oculto. Lo mejor, la actuación. Cuatro actores que actúan, cantan, bailan y tocan instrumentos clásicos, todo a la vez y como si fuera lo más natural del mundo.

Esta entrada es ya más larga de lo que había previsto y hay todavía varias obras en el tintero de las que merece la pena acordarse. Volveré con más en una segunda parte.

producido en inglés, alemán | visto en inglés

CINCO HORAS CON MARIO – miguel delibes

Chapó. Una novela de aúpa, con una profundidad enorme, un argumento genial, una estructura muy organizada y una técnica incomparable. ¿Por qué no habré leído a Delibes antes?

Prólogo: Mario ha muerto. El féretro está en su despacho, su mujer y sus hijos se encuentran presentes y los allegados han comenzado a llegar. Se nos presentan en rápida sucesión los pesonajes, las tramas y los recursos técnicos que el resto de la obra va a desarrollar. Cuerpo: Una vez Carmen, la viuda, está sola velando el cadáver, toma la Biblia, libro que Mario leía la noche en que murió, y lee los párrafos subrayados por él. Cada párrafo es el comienzo de un capítulo y hace a Carmen desvariar en monólogos íntimos y reproches hacia el muerto. A través de sus palabras -las repeticiones temáticas y literales que encabalgan los capítulos y muestran el reflujo constante del pensamiento, los modismos, interjecciones, anhelos y contradicciones- adivinamos primero y descubrimos después, no solamente las vidas de Mario, de Carmen y de las personas que les rodean, sino los espíritus irreconciliables de dos maneras de entender el mundo entre las que media un abismo; ahí está el reflejo entre la España de izquierdas y la de derechas mostrado sin acritud, la modernidad y la tradicción, en los pensamientos de una mujer que, creyéndose educada, es muy sencilla. Epílogo: Habiendo despuntado el alba y llegado la hora de la conducción del féretro al cementerio, un narrador impersonal apunta al legado de aquellas dos Españas enfrentadas, sintetizadas en personas distintas.

¡Ay, pobre Mario! ¡Y pobre también Carmen! La belleza de la novela no esconde la brutalidad de la realidad que describe. Seguiré leyendo a Delibes; ya me han recomendado “El camino”

escrito en español | leído en español

PATRIA – fernando aramburu

¿Qué tiene “Patria” para haberse convertido en un éxito de crítica y ventas? En una palabra: todo; un argumento atrevido escrito en el momento adecuado, una estructura perfecta organizada en una serie extensa de capítulos muy pequeños que trocean la novela en partes digeribles y la vuelven muy manejable -¿idea del editor?-, unos personajes sumamente logrados, multitud de subtemas que reflejan la actualidad de la sociedad española, una trama que permite entrever cómo esa actualidad se ha ido formando en los últimos tiempos y, por supuesto, un estilo muy depurado y sincero, increíblemente bueno y potente, sin florituras poéticas, que se deja leer de corrido.

Y es que el libro trata sobre el terrorismo de ETA, sí, desde muchos puntos de vista. Para empezar, desde dos principales, el de la familia del terrorista y el de la familia de la víctima. Más allá, el resto de la sociedad, que reacciona a los acontecimientos, rehúye, juzga, se comporta como una bandada de pájaros o una manada casi sin darse cuenta porque, claro, o estás dentro o estás fuera, y si estás fuera allá tú. El apoyo y el rechazo del pueblo vasco en su conjunto y de ciertas individualidades enfatiza o condena las acciones de los jóvenes, todavía inmaduros; los guía hacia o contra el terrorismo. Luego están las consecuencias, por un lado y por el otro, y eso es difícil expresarlo en palabras, que es justamente lo que Aramburu consigue.

Hay más: la vida en la ciudad, la vida en el pueblo; la de antes, aquélla de nuestros abuelos y acaso de nuestros padres, y la de ahora; la relajación de los preceptos tradicionales; las diferentes cualidades, tropiezos y aciertos del amor, la pareja, el matrimonio y las diferentes combinaciones de la vida familiar. En conjunto, a mí me parece que Aramburu pinta muy bien varios tipos de vida que se dan en la sociedad actual, novedosos, junto con otros que, hasta hace una o dos generaciones, eran mayoría. Este logro enmarca la historia en un tiempo determinado, la humaniza y, sin dejar de ser una digresión, enriquece la trama y a los personajes.

Al final, claro, está ese estilo callejero/rompedor, heredero del flujo de conciencias modernista y actualizado con las faltas dialectales vascas y los modismos de la era del Internet. A Aramburu le ha salido una delicia de libro, una novela coral. A veces te pone un nudo en la garganta, aunque siempre deja lugar a la esperanza.

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EPICEDIO AL PADRE – orlando mondragón

La primera vez que leí a Orlando, él era un crío. Los dos lo éramos. Nos conocimos en cierto portal poético hace ahora diez años y, en aquel primer poema suyo, sus prisas y sus faltas palidecían ante su ambición y, sobre todo, ante una sensibilidad poética singular que me atrajo desde el principio. Sus poemas rebosaban lirismo hasta el punto de que daban ganas de zarandearle y pedirle contención y, sin embargo, su belleza era innegable. Comenzamos a hablar sobre poesía. De Orlando he aprendido muchas cosas; él me enseñó a Wislawa Szymborska y también a Sharon Olds, aunque quizá su mayor influencia sobre mí no tenga relación alguna con la poesía.

Ha llovido mucho desde entonces y la poesía de Orlando ha cambiado notablemente. Su lirismo adolescente se refinó primero con metáforas propias y localismos -la figura recurrente de los pájaros, el paisaje lírico mejicano-, para moderarse después con cualidades narrativas más contenidas. A esta última fase pertenece su “Epicedio al padre“, donde desgrana las impresiones que le merece la relación entre su padre, enfermo de alzhéimer y que no acepta su homosexualidad, y él mismo, que no sabe cómo comportarse ante el derrumbamiento físico y psíquico de su progenitor, cuya decadencia en cierta medida desmitifica su figura. La obra ha merecido el IV premio de poesía joven Alejandro Aura de Méjico.

Quizá siguiendo el ejemplo de las coplas de Manrique -Orlando, sé que las has leído-, el libro es tanto una oda sentida a la figura paterna como un diario introsprectivo donde cabe la cavilación y la duda; quizá, también un cierto arrepentimiento. Ahora que caigo, en diez años de conversaciones Orlando me ha hablado de algunos miembros de su familia, pero jamás de su padre. He tenido que esperar una década para saber algo de él, así, de esta manera.

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MEISTERNOVELLEN – stefan zweig

Hace más o menos un año, escruté la primera página de esta antología de novelas cortas de Stefan Zweig y decidí que la lectura no parecía tan difícil. Entonces principiaba las clases del nivel B1 en alemán. Ahora que he terminado el libro un año después, apenas empiezo el B2. Stefan Zweig es un autor culto y, para más inri, austriaco o más exactamente, austrohúngaro. Evidentemente me comporté como un necio pero, oye, le eché huevos.

Cada vez me gusta más Zweig. “Novela de ajedrez” fue la primera obra suya que leí, en español; después llegó una colección de tres relatos cortos que leí en alemán, “Novellen“. Sus historias atrapan al lector desde el principio, dando información a cuentagotas y desarrollando tramas complejas basadas en los sentimientos, sensaciones y pensamientos de los protagonistas, donde el misterio y el suspense tienen un papel principal. Los hechos suelen desarrollarse en atmósferas aristocráticas o cuanto menos pudientes y el discurso, donde los diálogos son escasos, es exquisito. Quizá lo más sorprendente es el detalle y la importancia de los personajes femeninos en las novelas de Zweig, que cuentan con una profundidad como pocas conozco en autores de su época.

Brennendes Geheimnis” es el relato que abre el libro. Admito que lo leí muy despacio, porque me resultaba difícil de entender, especialmente al principio. Repito que fui un necio por escoger un libro tan difícil para practicar alemán aunque, por otro lado, ¿cómo aprender sino con material que nos divierta? La historia es absolutamente genial y está contada desde el punto de vista de un niño que, en su inocencia, pasa por fases contradictorias donde la amistad, el odio y todos sus intermedios se suceden a resultas de comportamientos adultos que no puede comprender. “Der Amokläufer“, algo más sencillo de leer, aunque también menos interesante, cuenta la relación de un médico europeo en la Indonesia neerlandesa con otros colonos y, en especial, con una mujer. “Brief einer Unbekannten” es una pasada por cómo está escrito y por su desarrollo. La historia parece clásica y sospecho que su origen puede estar en este relato. Un hombre recibe una larga carta de una mujer a la que no conoce y que, poco a poco, le muestra su propia vida vista a través de sus ojos y en relación a sus sentimientos. “Die Frau und die Landschaft” me pareció un relato eminentemente poético, donde las descripciones adquieren una importancia capital y la metáfora de una tormenta rige el desarrollo de la trama. “Verwirrung der Gefühle” me pareció, con mucha diferencia, el relato idiomáticamente más complejo (Nota mental: sustituir indescifrable por complejo).  ¿Aprendéis alemán? Absteneos de leerlo; creo que lo habría disfrutado mucho más en español. Ahora bien, es un muy buen relato que narra la vida universitaria de un joven y donde, de nuevo, la importancia no está en sus acciones sino en sus sentimientos, sensaciones, y las lecciones que va extrayendo de sus experiencias. Lo que viene a ser una historia de iniciación a la vida adulta con, además, sorpresa final. “Vierundzwanzig Stunden aus dem Leben einer Frau” es un relato relativamente sencillo -¿o será que mi conocimiento del idioma se ha ampliado mucho desde que comencé el libro? En un casino de Monte Carlo, una dama abandona a su familia para huir con un desconocido. Los cotilleos no tardan en surgir y, cuando una anciana se posiciona a favor de la mujer huida, su interlocutor no la comprende hasta que ésta se decide a contarle su propia historia.

Los dos últimos relatos abordan temas, en especial el libertinaje y la libertad sexual, desde una perspectiva que considero moderna. En general, todos los relatos me han sorprendido por su uso del lenguaje, por su capacidad para mantener la tensión del lector y por la calidad de las ideas expresadas por sus personajes. Los últimos relatos contenidos en el libro, “Episode am Genfer See“, “Die unsichtbare Sammlung” y “Schachnovelle” ya los leí y comenté con anterioridad.

En suma, el libro es más que recomendable y sumamente entretenido, diría que adictivo si no fuera porque mi alemán sólo me ha permitido leer de corrido el último relato.

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