H IS FOR HAWK – helen macdonald

¿Es una novela? ¿Una biografía, una autobiografía? ¿Ficción o no ficción? En cualquier caso, se trata de uno de los libros más originales que he leído últimamente.

Helen está devastada por la muerte de su padre. Lentamante, sin querer y sin apenas darse cuenta, se introduce en una espiral de preguntas y autoanálisis. Cetrera experta, un impulso le lleva a adquirir un azor, el ave rapaz más difícil de domar y su obsesión desde muy niña. Obsesionada con la cetrería desde pequeña, Helen ha leído muchos libros sobre este deporte; uno solo no le gustó: “The Goshawk“, de Terence Hanbury White, que describe los patéticos esfuerzos del escritor por entrenar a un azor sin ayuda experta. White, escritor relegado hoy a la segunda categoría de la literatura, fue el autor de los libros que imaginaron la leyenda artúrica tal y como la conocemos hoy en día, incluyendo la figura del mago Merlín en la historia. Inmensamente popular en vida, Helen nos describe a un White inseguro y despreciativo de sí mismo, incapaz de conciliar su anhelo de pertenencia a la alta sociedad británica con su homosexualidad y sus deseos de sadismo. La narración entrelaza la exploración introvertida de los sentimientos de Helen y White, en distintos momentos y por motivos diferentes, al entrenar a sus azores. Helen, tratando de superar la muerte de su padre y su cada vez más acusada soledad; White, intentando dar una razón de ser a sus deseos reprimidos. Y ambos buscando su lugar en el mundo.

El libro obliga a una lectura pausada. Es denso, contiene un vocabulario un tanto curioso, está lleno de reflexiones cotidianas sobre sensaciones y sentimientos, sobre el valor del paisaje como un ente histórico, creado, cuyo valor identitario es tanto o mayor que su valor natural. Es un libro plano en el sentido de que ocurren pocas cosas, como tampoco ocurren en las novelas de, por ejemplo, Virginia Woolf, y también porque carece de grandes finales que permitan terminar la historia de manera clara, tal y como hizo Kafka. Se trata de un viaje a la introversión y al análisis, a un plano del pensamiento que tiene difícil cabida en las novelas, y sin embargo es un libro que no podría considerar filosófico. Es bello y frustrante, contiene reflexiones para subrayar dentro de párrafos densos, incluso farragosos.

Cuando Helen recorría el paisaje pantanoso de Cambridgeshire, recordando su niñez y la figura  de su padre ya desaparecida, yo recordaba mis paseos por aquel mismo paisaje, ahora hace prácticamente un año, inmerso en la búsqueda de una catarsis para depurar mi memoria de mi relación reciente, llegada a su fin. Helen, con su libro, me ha hecho pensar más que disfrutar, y bregar entre sus páginas más que transportarme por ellas. Dos veces lo cogí y dos veces lo dejé, y no fue hasta la tercera que conseguí leerlo entero. Por alguna razón, jamás dudé que fuera a terminarlo, y siempre pensé que contenía lecciones de las cuales iba a extraer algo útil.

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ALMOST THE EQUINOX – sarah maguire

Adquirí esta antología porque, al ojear sus páginas en la librería, di con un poema conocido que -me sonaba, creía- un periódico habían reseñado en un artículo a propósito de la autora.

Lo cierto es que si bien los poemas de este libro son resueltos y están pulidos, pocos me han llegado lo bastante hondo. Muchos toman de partida las plantas, nada sorprendente ya que la autora es jardinera, y utilizan vivencias personales para contar temas universales con un estilo narrativo. Al final del libro, un breve y curioso anexo explica las historias detrás de algunos de los poemas.

Es curioso que, a pesar de que los poemas abundan en cultismos botánicos, son ajenos a otros artificios léxicos. Algunas adjetivaciones me han llamado la atención. Hay también asociaciones de palabras muy bien buscadas, especialmente en relación con el sexo, y hay poemas que me han gustado mucho en su conjunto, como “Tidemarks”.

En general la prosa de Maguire me ha parecido calmada, alejada de grandes emociones y más propicia para la contemplación y el pensamiento.

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SEÑAS DE IDENTIDAD – juan goytisolo

Cuando comencé a leer este libro Juan Goytisolo vivía. Yo no había leído nada suyo y su nombre resonaba en mi cabeza desde hacía tiempo. Leí, en alguna parte, que “Señas de identidad” abordaba el tema de la emigración y me puse a leerlo. La primavera iba dando paso al verano y comenzó una época intensa, un verano todavía no terminado cargado de viajes, de reencuentros y caras nuevas, pero también de despedidas amargas y de ansiedad. Terciado el libro, decidí cambiarlo por una lectura más ligera en mi viaje a República Checa a comienzos de junio; después lo seguí posponiendo en mi periplo por media Europa y no ha sido hasta recientemente que lo he abordado con las ganas que merece.

Se trata de un libro complejo y oscuro. Atractivo por su formalismo experimental (aquí, de nuevo, mi cabeza se llena de referencias al juego entre las dos partes de la “Rayuela” de Cortázar y a la idea de la yuxtaposición literaria que Kundera describe en “El arte de la novela“; libros los dos de mi etapa universitaria que me dejaron honda impronta), es sin embargo vago en la delimitación de su argumentación. En ese sentido huye de la novela en sí y, con todo, no destruye completamente el concepto de la idea de fondo y de la secuencialidad novelesca, aunque sí las retuerce cuanto puede.

Para mí, lo más difícil y lo más interesante del libro ha sido la mirada permanente a España desde el punto de vista de quien reside en el extranjero. Muchas veces me he sentido identificado con la experiencia de estar fuera, con la que ya había conectado en aquel “Season of Migration to the North” de Tayeb Sali cuya trama, a pesar de todo, apenas recuedo; la experiencia de hablar de España con los que se encuentran en situaciones similares a la tuya; y con la experiencia de volver, como quien dice, de turista. Esto es, probablemente, el fondo del libro y el poso que deja en quienes comparten experiencias similares. Y a pesar de todo, el libro es denso y aburre y enardece y poco a poco, a ratos, te impide despegar los ojos de sus párrafos; a veces te sacude con inserciones de textos completamente ajenos a la ficción y otras languidece con largos monólogos en lenguas extranjeras. Un libro cuanto menos curioso, hijo de su tiempo y, aún así, siniestramente vigente.

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FOE – j. m. coetzee

Mi primera aproximación a Coetzee ha resultado extraña como extraño es el inicio del libro. Se toma prestada la figura de Daniel Defoe, el escritor británico conocido por haber escrito “Robinson Crusoe“, así como su novela. Sólo que no es Defoe sino Foe -un juego de palabras a lo que parece, ya que foe en inglés significa “enemigo” o “adversario”-, y Cruso en lugar de Crusoe, los personajes que pueblan su novela. Sólo Viernes continúa siendo Viernes, aunque uno muy distinto al novelado por Defoe.

La isla está desierta y es aburrida, desprovista de caníbales y peligros. La voz narradora no es la de Crusoe sino la de una mujer llamada Susan Barton que arriba a la isla que Cruso ya habita con Viernes. No conocemos sino retazos de su historia y ella se empeña en negárnosla, centrándose en las de Cruso y Viernes. La isla, al cabo, no es sino un pasaje de la novela yuxtapuesto a otros, de tal manera que me ha recordado al ideal novelístico expuesto por Milan Kundera en “El arte de la novela“. La historia de Susan y Viernes, la mujer náufraga y el esclavo africano, se mezclan entonces con las del escritor Foe. Todo resulta en un embrollo y una búsqueda y una disertación literaria y existencial irresoluta.

No sé qué impresión sacar de este relato. Empezó gustándome mucho, con todas sus referencias a “Robinson Crusoe“, historia que leí con once años. Contraponiendo todo lo contraponible a la novela clásica, Coetze utiliza un estilo propio; su literatura ha tenido en mí el curioso efecto de creerme leyendo una novela de fondo más moderno que su edad real y, sin embargo, con un vocabulario propio de historias más antiguas. Aunque mis expectativas respecto a la trama eran otras. Pensé que la reproducción de la novela de Defoe desde una perspectiva contemporánea y, sin embargo, en su tiempo histórico, serviría como excusa para hilvanar la novela completa. Después descubrí que era excusa, sí, aunque para comenzar una novela diferente. Tras leer la primera parte me había ido imaginando algo distinto; algo similar, si se quiere, al “Pierre Menard, autor de El Quijote” de Borges.

Aún así, he pasado un buen rato leyendo este libro. Los adjetivos que me vienen a la cabeza para describirlo son extraño, original, atrevido y raro.

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PEÑAS ARRIBA – josé maría de pereda

18667740249Sabía que se trataba de una novela densa y, sospechaba, de poca acción. Imaginaba también que el tema y el estilo me parecerían antiguos y me exhorté a leerla con tranquilidad. Quizá por eso he sabido disfrutarla, con todas sus referencias a un mundo tan distinto y tan antiguo, tan religioso también.

Me he sorprendido con los diálogos escritos en cántabru o montañés, muchas de cuyas palabras no conocía. Otras sí; es más, leyendo la nota al pie (en mi edición de 1988) de la palabra “espido“, me sorprendió mucho que ni el comentarista ni, a decir de él, ningún otro estudioso, hubiesen registrado ni comprendiesen la palabra. También contienen el libro muchas variantes dialectales de palabras comunes y muchos arcaísmos y vocablos castellanos que no conocía. Aunque esto hace la lectura difícil, de alguna manera va bien con el estilo de la novela, sus muchos circunloquios y detalles.

Pereda fue un escritor muy querido por su generación y demasiado tristemente olvidado. Varias de sus novelas, especialmente Peñas arriba y, probablemente, también Sotileza, son el culmen de la -por otro lado escasa- literatura costumbrista española. También se consideran como las mejores novelas escritas por un autor cántabro, mejores ejemplos de la “novela regional” y clásicos de la literatura en español. Peñas arriba es una novela de porte solemne y antigua, con un naturalismo y una religiosidad decimonónicas que nos cuesta entender en el siglo XXI, creada en torno a una tesis de defensa del mundo caciquil que me ha sorprendido y que no apruebo, a pesar del ejemplo positivo y real de la novela, cuya literaria Tablanca se corresponde con la localidad cántabra de Tudanca. A pesar de mi crítica, valoro positivamente la novela y la recomiendo a cualquiera interesado en nuestros clásicos. Léase despacio… ¡y disfrútese!

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THE CROSSING – cormac mccarthy

978033051124701El segundo libro de la “Border Trilogy” comenzó atrapándome para, terminada la primera parte de la historia, comenzar a aburrirme sin remedio. Me ha parecido más de lo mismo que “All the Pretty Horses“, sin el atractivo de la novedad en el estilo, ni siquiera en la historia, que sigue patrones sumamente parecidos. Están también esas grandes digresiones, historias dentro de historias, filosofías y pseudofilosofías; el diálogo lacónico de los protagonistas y, a menudo, del narrador, cuando no decide perderse en descripciones prolíficas de paisajes y acciones que necesitan poco para ser descritos; sus largas disertaciones sobre religión; el español constantemente mal escrito, con usos equivocados de los verbos “ser” y “estar”, tiempos verbales incorrectos, falta de acentos y acentos cuando no los hay.

Quizá lo peor es la fatalidad que recorre el libro y que parece del todo azarosa. No le he encontrado sentido a la historia, es todo un capricho, un azar. Si ése es el tema del libro, se me ocurren dos autores muy diferentes que lo abordan de maneras que a mí me parecen más atractivas: Borges en “La lotería en Babilonia” y Auster en “El palacio de la luna“.

En suma, un libro para los amantes de la primera parte de la trilogía. Para, los que como yo, disfrutamos con el primer libro aunque sin entusiasmarnos demasiado, este segundo me parece prescindible.

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RABBIT IS RICH – john updike

41kXTEoq8wL._SX324_BO1,204,203,200_Crisis del petróleo, inflacción desmedida, el oro y la plata como valores refugio. El contexto histórico desborda la novela, mucho más si cabe que en las anteriores. La novela es; bueno, tan terriblemente realista que se vuelve anodina, grosera y magistralmente escrita. Es larga, densa, cansina. Yo no sé por qué la escritura de Updike me impide dejar sus libros a medias, me retiene con algo más allá del papel cuando, en apariencia, se trata de una historia ubicua. Es también una novela porno; porque empieza siendo sensual, pasa a ser sexual y termina siendo puro porno; ya quisieran las novelas eróticas. Sus primeras cien páginas me atraparon irremisiblemente para, después, perder mi interés y terminar por recuperarlo en su último tercio. Es distinta a las dos anteriores de la serie,  Rabbit, Run y Rabbit Redux. Aquí se trata de la madurez, la figura del padre, el enfrentamiento del padre y el hijo y las relaciones de toda una vida. Me ha gustado más que Redux y, aunque me ha parecido mucho más madura que Run, quizá no me haya gustado tanto. A modo de anécdota, diré que la leía mientras esperaba en el médico. Él la vio y dijo, sonriendo: “¡Buen libro!”

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