CHILD 44 – tom rob smith

Es inhabitual que yo lea un súperventas de este tipo, un libro trepidante repleto de acción que me fue regalado por una buena amiga, con una portada atractiva y una historia interesante y fácil de seguir.

La cosa es que este tipo de libros se centra precisamente en eso, en hilos narrativos donde la acción no falta y el lector se queda enganchado mientras la historia -en este caso, la de unos crímenes- se resuelve. Hay también un contexto, la Unión Soviética estalinista, que domina la narración hasta el punto de que el estado de locura social provocado por el terror gubernamental es en sí mismo un personaje, y ahí reside, para mí, el punto fuerte de la novela y lo que provoca afición. El resto es facilón, más si cabe que en libros semejantes. Los personajes, excepto el protagonista, son bastante planos. El lector se enfrenta, por otro lado, a nombres de personajes que apenas tienen qué decir en el conjunto de la historia, como si su mero nombre pudiera humanizarlos; sin conocer sus pensamientos o conociéndolos solamentre a través de las reacciones descritas por un narrador impersonal. El estilo es descaradamente simple; diseñado para serlo, sí, pero muchas veces rayano en lo simplón. Da la sensación de estar leyendo una versión simplificada del idioma, deliberadamente acortada, con las palabras restringidas a su primera acepción. El curso de la acción y la descripción de ésta, junto con la escritura desbrozada del autor, crean una atmósfera de guión de Hollywood; el libro tiene menos de novela que de película.

Ahora bien, es un libro entretenido, perfecto para dejar de pensar en la rutina y leer en cualquier parte. Y la historia, aunque tiene giros cogidos con pinzas, es sugerente y se deja leer bien. Leyéndolo he pasado buenos ratos y, aunque no me haya provocado placer estético, sí que me ha servido para pasar el tiempo y disfrutarlo.

escrito en inglés | leído en inglés

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CORAZÓN TAN BLANCO – javier marías

No he querido saber, pero he sabido“. El arranque del libro provoca ya un escalofrío y sintetiza su espíritu: la ignorancia, el conocimiento; apenas unas pocas palabras después, aún parte de la misma frase rápida y rebuscada y pensada para atrapar al lector, “no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas” -el matrimonio como otro de los grandes temas del libro- y, sin dar por finalizada la frase, “se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre“, la muerte y la familia, últimos grandes temas de la novela.

Una narración atrapante y excesiva. Excesiva hasta encandilar y, al cabo de unas pocas páginas, odiar. Entendí perfectamente por qué hay quien detesta a Marías. Pensé que un estilo tan abigarrado y barroco -algunos dirían tan refinada y contemporáneamente español- no podría prolongarse más allá de las cincuenta páginas sin comenzar a soltar lastre. Y así fue; llegado al punto de odiar el estilo Marías, las repeticiones comenzaron a espaciarse y, si bien los vaivenes de la historia siguieron la misma línea, me pareció que el estilo del autor se relajó un tanto, alejándose del preciosismo florido e hiperrealista del principio para concentrarse en la historia.

Ahí, en la historia, yace en mi opinión el valor más palpable de este libro por doble motivo. Primero, porque armar una trama mediante una serie de anécdotas y hechos circunstanciales vagamente relaccionados, algo común, aunque tratado de otro modo, en las novelas de detectives, me ha parecido bastante original. Segundo, porque la habilidad de Marías para usar ciertas palabras e imágenes y anticiparse a las sensaciones que crean, así como ligeros saltos temporales, el uso de la ignorancia y el azar, y una reminiscencia sutil del stream of consciousness, crean una serie de sensaciones en el lector -o al menos las han creado en mí- que enriquecen la novela.

Aun tomándome la lectura como un juego, precisamente por la serie de anécdotas y hechos vagamente relacionados, casi relatos en sí mismos y sin embargo, cuyas imágenes tanto sentido cobran en el desenlace, la atención y la intriga han sido constantes. Desde luego me ha gustado. Mucho. No sé si tanto como para encumbrar a Marías al Olimpo de la literatura contemporánea como hacen en algunas partes -hay tantos escritores, y tantos tan buenos-, pero suficiente como para tenerlo en alta estima. Y sobre todo y más importante, he disfrutado muchísmo de la lectura.

escrito en español | leído en español

TEATRO (1) – breve reseña

Este cuaderno de bitácora tiene una sección prácticamente vacía dedicada al teatro. Si bien creo firmememente que la dramaturgia contiene valores inherentes a su lectura, lo suyo es ver las obras en escena. Hasta hace unos dos años podía contar con los dedos las obras de teatro que había visto. Todo eso cambió más o menos de repente y ahora, de media, veo representar una obra a la semana. No le hago ascos a casi nada: obras clásicas, versionadas y modernas; teatro de masas y alternativo; conceptos tradicionales, espectáculos, conciertos con lectura teatralizada, musicales, fusiones de teatro con medios audiovisuales; salas de teatros de concepción clásica, modernas y actuaciones al aire libre. Sobre los escenarios teatrales escucho también música clásica, opereta y ópera. Casi todo en Londres, la ciudad donde he descubierto el teatro. Y casi todo en inglés, aunque también obras sueltas en español y alemán. He decidido recordar algunas de las obras que he visto en los últimos dos años y plasmar aquí mis impresiones. Porque hay obras que no debería olvidar.

Si tuviera que elegir una obra, una sola, que haya tocado todas mis fibras, creo que ésa sería The Inheritance (Part I), la primera parte de una monumental obra escrita por Matthew López y dirigida por Stephen Daldry basada en la novela “Howards End” de E. M. Forster, escritor al que todavía no he tenido el gusto de leer. Arrolladora, chocante, profunda, superficial, actual y morbosa, la obra comienza con una suerte de clase en que unos chicos aprenden a escribir. El posible tema de sus escritos lleva a la comparación entre el mundo que hoy se han formado los hombres homosexuales y aquél que vivió la generación anterior en los tiempos de la rápida y letal expansión del sida. La obra es, simplemente, perfecta: la actuación de los personajes, el tema, el desarrollo, los cambios de ritmo, las reflexiones, los chistes; todo. Tres horas más media de descanso que se hacen cortas. Hablando de cambios de ritmo, siempre recordaré aquella escena en que uno de los personajes, apenas un niño, relata su experiencia en un cuarto oscuro de Praga. La escena, que rompe con el tono jocoso anterior, se vuelve misteriosa; después, sensual e incluso sexual, y sospecho que muchos de los allí presentes sintieron ganas de estar en otra parte; después, de repente, el horror. Un horror que paraliza y provoca un sudor frío. Me pareció increíble que tal cantidad de sensaciones intensas pudiera condensarse en apenas unos minutos. Tuve la suerte de ver esta obra en las sesiones previas a su estreno oficial en el Young Vic, el día en que está presente la prensa. Después de eso, lleno total y traslado al West End.

Hay, claro, otras muchas obras que me han causado gran impresión. Ahí está Trainspotting, la obra basada en la novela de Irvine Welsh cuya historia, emplazada en el Edimburgo de los años ’80, cuando la adicción a la heroína era un problema de primer orden, es sencillamente brutal. Su trabajosa interpretación para todos aquellos que no estamos familiarizados con el dialecto scots no es dificultad para disfrutar del humor hilarante de su primera parte y de la brutalidad absoluta de su segunda mitad. Y ahí reside la fuerza de esta obra, en el horror y la violencia, en no creer que lo que estás viendo sea posible y en empezar a creer que no se trata de una simple actuación sino de algo real que sucede delante de tus ojos, apenas a unos palmos de distancia. Ahí entra la magia de un teatro recogido y próximo, The Vaults, con su escena central y alargada, y de una puesta en escena que interactúa groseramente con los asistentes.

Hablando de teatros alargados y pequeños y de obras donde el horror y la pena juegan un papel principal, un clásico: Mother Courage and Her Children, la cumbre del drama alemán escrita por Bertolt Brecht, interpretada en el Southwark Playhouse. Madre Coraje, siempre en movimiento, trata de sobrevivir en esa Polonia devastada por la Segunda Guerra Mundial. Sirviéndose del contrabando y de sus malas artes, porque todo vale para sobrevivir, trata de salvar a sus tres hijos. Arrastra sus pertenencias en un carro, aquél que se convirtió en el símbolo del éxodo germano poco después. Ella logra salvarse mientras sus hijos corren suertes diversas. Este largo alegato antibelicista es difícil de disfrutar. Mantiene alerta y causa lástima.

Cambiando de tercio, una de las obras más originales que he visto ha sido Our Great Tchaikovsky, en The Other Palace. Hershey Felder, único personaje sobre el escenario, hace las veces de narrador y personaje principal. Pianista, repasa los episodios más notables de la biografía del compositor a la vez que interpreta extractos de las piezas que compuso en esos momentos de su vida. La música y las palabras casan a la perfección y, de pronto, en la música de Tchaikovsky cobran sentido sus avatares y sentimientos. Las ganas de superación, la petulancia, el hastío, la homosexualidad forzosamente oculta, el amor, la fama; todo está en su música.

Otra pequeña gran obra: Midnight, un musical casi inverosímil representado en el Union Theatre. Adoro este teatro, pequeñísimo, casi íntimo, donde la obra sucede prácticamente ante tus narices y casi para solamente para ti. Las obras que aquí he visto me han parecido buenas todas, aunque ésta se ha llevado la palma. En la Nochevieja de 1937, una pareja del Azerbayán soviético se dispone a celebrar la entrada en el año nuevo cuando llaman a la puerta. Alguien ha caído por la ventana poco antes y un agente de la NKVD, la policía secreta de Stalin, se persona y pregunta a la pareja si puede descansar un momento en su piso. Lúgubre e ingeniosa, la obra me pareció un auténtico tesoro oculto. Lo mejor, la actuación. Cuatro actores que actúan, cantan, bailan y tocan instrumentos clásicos, todo a la vez y como si fuera lo más natural del mundo.

Esta entrada es ya más larga de lo que había previsto y hay todavía varias obras en el tintero de las que merece la pena acordarse. Volveré con más en una segunda parte.

producido en inglés, alemán | visto en inglés

LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS – vicente blasco ibáñez

Adaptado dos veces al cine en Hollywood, este libro fue uno de los grandes superventas globales de principios del siglo XX. Escrito en París durante la Primera Guerra Mundial, la idea original fue parcialmente auspiciada por el presidente francés como ayuda a su causa, si hemos de creer la breve introducción del autor. Precisamente, la novela se presenta como un panfleto político donde los franceses son buenos buenísimos y los alemanes malos malísimos. ¡Qué decepción! Blasco Ibáñez me había impresionado con La barraca, cuya marca continúa indeleble en mi memoria, y para panfletos antigermánicos yo me quedo con The Moon is Down, de una sutileza y un estilo exquisitos.

El primer tercio me sorprendió por insulso. La vida de un francés en Argentina, tratando de hacer fortuna, y después con su familia de vuelta a Europa, transcurre con una frivolidad de novela ligera salpicada de opiniones políticas absolutamente topificadas. La calidad de esta parte era, si no me engaño, mucho peor que la del Blasco Ibáñez que yo recordaba. Así y todo, la historia era sencilla y entretenida y seguí leyendo. Ya en Francia, donde acontecen la mayor parte de los sucesos narrados, la novela se torna más interesante. La guerra vista desde el mundo civil, lejos de ella y, después, dentro de la misma, me aportó una perspectiva que ningún otro libro me había dado: la inseguridad, la exaltación ciudadana subrayada por el miedo, las rutinas que continúan y las que no. También las imágenes elegidas sin mala fe para dar a entender el miedo -la homosexualidad como degeneración, el color de la pie para expresar brutalidad y subdesarrollo-, a cuya causa original sirven hoy más bien poco y dicen mucho de la moral de la época, habiendo sido escritas por un autor poco sospechoso de afrentar las causas progresistas. Al final, muy al final y acaso demasiado al final, lo que parecía un alegato guerrero se vuelve más humano, se critica, y el libro se torna antibélico. Un poco antes ya había despuntado el Blasco Ibáñez de La barraca, con su no sé si fatalismo o simple realismo salvaje.

En conjunto, me ha resultado un libro entretenido, llamativo en algunos aspectos. Mejorable, también; aunque sé que su autor puede volver a sorprenderme con otros de sus muchos libros, como ya hizo en el pasado.

escrito en español | leído en español

H IS FOR HAWK – helen macdonald

¿Es una novela? ¿Una biografía, una autobiografía? ¿Ficción o no ficción? En cualquier caso, se trata de uno de los libros más originales que he leído últimamente.

Helen está devastada por la muerte de su padre. Lentamante, sin querer y sin apenas darse cuenta, se introduce en una espiral de preguntas y autoanálisis. Cetrera experta, un impulso le lleva a adquirir un azor, el ave rapaz más difícil de domar y su obsesión desde muy niña. Obsesionada con la cetrería desde pequeña, Helen ha leído muchos libros sobre este deporte; uno solo no le gustó: “The Goshawk“, de Terence Hanbury White, que describe los patéticos esfuerzos del escritor por entrenar a un azor sin ayuda experta. White, escritor relegado hoy a la segunda categoría de la literatura, fue el autor de los libros que imaginaron la leyenda artúrica tal y como la conocemos hoy en día, incluyendo la figura del mago Merlín en la historia. Inmensamente popular en vida, Helen nos describe a un White inseguro y despreciativo de sí mismo, incapaz de conciliar su anhelo de pertenencia a la alta sociedad británica con su homosexualidad y sus deseos de sadismo. La narración entrelaza la exploración introvertida de los sentimientos de Helen y White, en distintos momentos y por motivos diferentes, al entrenar a sus azores. Helen, tratando de superar la muerte de su padre y su cada vez más acusada soledad; White, intentando dar una razón de ser a sus deseos reprimidos. Y ambos buscando su lugar en el mundo.

El libro obliga a una lectura pausada. Es denso, contiene un vocabulario un tanto curioso, está lleno de reflexiones cotidianas sobre sensaciones y sentimientos, sobre el valor del paisaje como un ente histórico, creado, cuyo valor identitario es tanto o mayor que su valor natural. Es un libro plano en el sentido de que ocurren pocas cosas, como tampoco ocurren en las novelas de, por ejemplo, Virginia Woolf, y también porque carece de grandes finales que permitan terminar la historia de manera clara, tal y como hizo Kafka. Se trata de un viaje a la introversión y al análisis, a un plano del pensamiento que tiene difícil cabida en las novelas, y sin embargo es un libro que no podría considerar filosófico. Es bello y frustrante, contiene reflexiones para subrayar dentro de párrafos densos, incluso farragosos.

Cuando Helen recorría el paisaje pantanoso de Cambridgeshire, recordando su niñez y la figura  de su padre ya desaparecida, yo recordaba mis paseos por aquel mismo paisaje, ahora hace prácticamente un año, inmerso en la búsqueda de una catarsis para depurar mi memoria de mi relación reciente, llegada a su fin. Helen, con su libro, me ha hecho pensar más que disfrutar, y bregar entre sus páginas más que transportarme por ellas. Dos veces lo cogí y dos veces lo dejé, y no fue hasta la tercera que conseguí leerlo entero. Por alguna razón, jamás dudé que fuera a terminarlo, y siempre pensé que contenía lecciones de las cuales iba a extraer algo útil.

escrito en inglés | leído en inglés

BOOK OF LONGING – leonard cohen

Repaso rápido: Leonard Cohen, además de un cantautor genial, algunas de cuyas canciones han sido versionadas muchas veces -“Hallellujah“-, fue también otras cosas, entre ellas novelista y poeta, además de aficionado al dibujo.

He tenido mis “épocas Cohen”. Me gustaba tocar y cantar “Who by Fire” -porque mi limitada habilidad con la guitarra no me permitía tocar “The Partisan“, a pesar de que es una canción sencilla. Cuando vi este “Book of Longing“, una antología de su poesía, creo, tardía, no sabía muy bien si me iba a gustar; al fin y al cabo, Cohen para mí era un cantante y no tanto un poeta. He de decir que el libro me ha gustado; a ratos, incluso, me ha gustado mucho. Es un libro curioso, cuyos poemas me han atraído con el misterio tan propio de su autor y con sus mensajes vagamente descifrables. Su estilo me ha parecido algo infantil, porque su lenguaje es ligero, la rima sencilla y constante, el tono parece poco madurado y los temas tan universales como propios de la adolescencia: eso, acaso, sea algo que comparte con el estilo pop. Y sin embargo esta infantilidad, en Cohen, no es un demérito. El ritmo suele estar muy bien marcado, los juegos de palabras son constantes, hay -aunque contados- encabalgamientos geniales, su falta o aparente falta de madurez añade frescura. Sobre todo, son poemas con los que uno puede indentificarse y que pueden hacer pensar, o simplemente hacer pasar un buen rato. Y eso, para mí, lo hace un buen libro.

La presentación del libro es también curiosa, con dibujos de Cohen por todas partes que, a veces, obligan a los poemas a evitarlos e incluso serpentear entre ellos. Aunque la idea me ha parecido buena, si vuelvo a ver el mismo dibujo repetido una vez más con sombras de Photoshop o marca de agua, muerdo a alguien. No estoy seguro si el resultado le hace un favor o un feo al libro. Cada cual que juzgue por sí mismo.

escrito en inglés | leído en inglés

CIEN AÑOS DE SOLEDAD – gabriel garcía márquez

Quería escribir una buena entrada en el blog para este libro y entonces, ¡pum!, perdí el libro en un tren. Cuando mi padre me dijo que andaría por casa y no pude encontrarlo, y me dijo entonces que buscara en las baldas de mi tía y tampoco lo encontré, debí haber sospechado que algo había en este libro de ausencia, de repetición, acaso de fatalidad. Traspapelado el primer libro y perdido el segundo, tuve que comprar un tercero por Internet. Entonces sí, pude terminar las escasas páginas que me quedaban por leer y atontarme ante una escritura tan sencilla como maravillosa.

Lo real y lo maravilloso se entremezclan en la novela como en ninguna otra. El tono de sus primeras páginas me recordaron a “El siglo de las luces“,  una novela que disfruté como un enano en su momento y cuyo autor, Alejo Carpertier, definió lo real maravilloso que caracterizaría la literatura latinoamericana del periodo. Hay en esas primeras páginas de García Márquez esperanza y dulzura, una atmósfera imbuida de misterios primigenios que envuelven la fundación mítica de Macondo junto a lo prosaico y lo banal, como en aquel poema borgiano, “Fundación mítica de Buenos Aires“. En el Macondo de la fundación no existían siquiera palabras suficientes para nombrar los objetos que abarcaba la vista, de modo que debían ser señalados con el dedo.

La fórmula de lo banal y lo mágico ya no abandona la novela, que sin embargo se vuelve más oscura por momentos. A la inocencia iletrada de los primeros pobladores de Macondo su aislamiento les sucede el poder y la riqueza, la guerra y la política, el capitalismo de las grandes compañías, el abandono y el olvido. Las referencias al futuro y al pasado vertebran la novela, confundiendo los tiempos, como sucede también en “Crónica de una muerte anunciada“, cuyo título anuncia el desenlace. Más aún lo hacen la figura omnipresente de Melquíades, el sabio gitano que asombra a Macondo con el descubrimiento del hielo, y las figuras femenina de Úrsula y Pilar Ternera. Estas últimas son, en mi opinión, los personajes más logrados de la novela. Para mí, pensar en este libro es pensar en Úrsula, en sus logros, sus manías y sus cuidados, por encima de la ristra mareante de Arcadios y Aurelianos.

Hay muchas capas de significado superpuestas en la acción. O quizá no haya ninguna, y es todo un simple juego de espejos. He creído ver una historia oculta de Colombia, acaso de América: una fundación mitificada y una independencia creciente al ritmo de la ruina de un viejo galeón español, la llegada del poder estatal, los desmanes de los terratenientes, la riqueza, la perversión corrupta de las multinacionales y acaso de un incipiente narcotráfico, las tiranías, las guerras civiles. Más allá, una historia universal de las pasiones, simple y brutal. Sea como fuere, la habilidad para explicar reacciones comunes ante temas complejos es sencillamente genial. En especial, la distinción del coronel Aureliano Buendía, un completo ignorante político, entre izquierdas y derechas, me pareció tan triste como brillante.

Bien, en algún momento debo escribir el último párrafo de esta reseña. El libro es de sobra conocido, la trama puede buscarse en internet y no quiero repetirla porque, de todos modos, en ella no está el quid de la cuestión. Me interesa decir que este libro es intenso, duro, repetitivo y sin embargo, permeable a la iteración. Que me ha producido muchas sensaciones distintas. Y que acaso, algún día, vuelva a leerlo.

escrito en español | leído en español