RIÑA DE GATOS – eduardo mendoza

Eduardo Mendoza era el último premiado por el Cervantes cuando yo me paseaba por Alcalá de Henares la pasada primavera. Bajo una llovizna que se tornaba lluvia por momentos, me acerqué a uno de los puestos de la plaza central para comprar algo de Mendoza. No fue difícil, ya que todos los puestos tenían algún libro suyo en puestos bien visibles; sin embargo, no di con el libro que había ido a buscar: “Sin noticias de Gurb“. Me conformé con “Riña de gatos“, del que había oído muy buenas críticas, aunque también había oído que era de algún modo distinto al resto de la obra de su autor.

¿Qué tal está el libro? Bueno, en mi opinión tiene puntos fuertes, débiles y otros que no sé muy bien cómo clasificar. Lo primero que hay que decir es que se trata de un libro entretenido; es una novela de aventuras con una trama de espías ambientada justo antes del estallido de la Guerra Civil, salpicada de humor y mucha ironía, que nunca se hace pesada y sirve para disfrutar leyendo. Desde luego, esto es algo positivo. Sin embargo, el modo en que se hilvana el libro, la profundidad de los personajes e incluso el lenguaje utilizado recuerdan a otros superventas de la literatura española de este siglo y es muy, digamos, propio del premio Planeta, que por cierto mereció en el año 2010. ¿Es esto bueno o malo? No lo sé, lo dejo a juicio de cada lector. Yo agradezco este tipo de lecturas de tanto en tanto, rápidas, interesantes, entretenidas; pero también superficiales en cierta manera o faltas de ambición. Si compruebo “Riña de gatos” con “Crematorio“, por ejemplo, me parece que la última es mucho más rompedora, y acaso más ajustada a lo que yo pienso que puede premiar el Cervantes.

Leeré “Sin noticias de Gurb” cuando tenga la oportunidad. Releyendo el párrafo precedente, me parece que no he subrayado lo suficiente que el libro de Mendoza me ha gustado. Porque me ha gustado, aunque quizá esperaba algo ligeramente diferente.

escrito en español | leído en español

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CITIES OF THE PLAIN – cormac mccarthy

Último volumen de “The Border Trilogy“, “Cities of the Plain” completa la serie comenzada por “All the Pretty Horses” y “The Crossing“. Si los anteriores me costó tragarlos, éste me ha resultado bastante infumable. “All the Pretty Horses” tenía la novedad del argumento, de los paisajes lunares que podían imaginarse casi con nostalgia, de una narrativa poderosa y moderna; “The Crossing“, a ratos, intercalaba intensos diálogos con gran uso del Spanglish y escenas de acción y suspense. Este tercer volumen, a mi parecer, intenta ser más lírico y, sin embargo,  se aleja un poco del estilo de los anteriores y cae en una yuxtaposición de escenas sin demasiado sentido y donde el argumento principal, el amor de una mujer, me ha parecido relativamente simplón. Al final, más de lo mismo: violencia gratuita, medio oeste estadounidense, fascinación por lo mejicano, mentalidades excesivamente tradicionales, diálogos donde el dialecto local está maravillosamente representado (es, a mi parecer, lo mejor de la trilogía), y un vago sentido simbólico personificado en los caballos que, en el caso de este tercer volumen, es casi inexistente. Creo que el primer libro de la trilogía es el mejor y, además, puede leerse individualmente.

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THE CROSSING – cormac mccarthy

978033051124701El segundo libro de la “Border Trilogy” comenzó atrapándome para, terminada la primera parte de la historia, comenzar a aburrirme sin remedio. Me ha parecido más de lo mismo que “All the Pretty Horses“, sin el atractivo de la novedad en el estilo, ni siquiera en la historia, que sigue patrones sumamente parecidos. Están también esas grandes digresiones, historias dentro de historias, filosofías y pseudofilosofías; el diálogo lacónico de los protagonistas y, a menudo, del narrador, cuando no decide perderse en descripciones prolíficas de paisajes y acciones que necesitan poco para ser descritos; sus largas disertaciones sobre religión; el español constantemente mal escrito, con usos equivocados de los verbos “ser” y “estar”, tiempos verbales incorrectos, falta de acentos y acentos cuando no los hay.

Quizá lo peor es la fatalidad que recorre el libro y que parece del todo azarosa. No le he encontrado sentido a la historia, es todo un capricho, un azar. Si ése es el tema del libro, se me ocurren dos autores muy diferentes que lo abordan de maneras que a mí me parecen más atractivas: Borges en “La lotería en Babilonia” y Auster en “El palacio de la luna“.

En suma, un libro para los amantes de la primera parte de la trilogía. Para, los que como yo, disfrutamos con el primer libro aunque sin entusiasmarnos demasiado, este segundo me parece prescindible.

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RABBIT IS RICH – john updike

41kXTEoq8wL._SX324_BO1,204,203,200_Crisis del petróleo, inflacción desmedida, el oro y la plata como valores refugio. El contexto histórico desborda la novela, mucho más si cabe que en las anteriores. La novela es; bueno, tan terriblemente realista que se vuelve anodina, grosera y magistralmente escrita. Es larga, densa, cansina. Yo no sé por qué la escritura de Updike me impide dejar sus libros a medias, me retiene con algo más allá del papel cuando, en apariencia, se trata de una historia ubicua. Es también una novela porno; porque empieza siendo sensual, pasa a ser sexual y termina siendo puro porno; ya quisieran las novelas eróticas. Sus primeras cien páginas me atraparon irremisiblemente para, después, perder mi interés y terminar por recuperarlo en su último tercio. Es distinta a las dos anteriores de la serie,  Rabbit, Run y Rabbit Redux. Aquí se trata de la madurez, la figura del padre, el enfrentamiento del padre y el hijo y las relaciones de toda una vida. Me ha gustado más que Redux y, aunque me ha parecido mucho más madura que Run, quizá no me haya gustado tanto. A modo de anécdota, diré que la leía mientras esperaba en el médico. Él la vio y dijo, sonriendo: “¡Buen libro!”

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LONDON’S GEORGIAN HOUSES – andrew byrne

12462Comencé a leer este libro porque tenía ganas de comprender esas casas de Londres, todas iguales y a menudo formando largas hileras. Lo primero que tuve que aprender es que hay dos estilos fundamentalmente distintos pero muy similares para los extranjeros que ven por primera vez las islas británicas: el georgiano y el victoriano. Bien, una vez ubicados, este libro explica el primero.

Resulta que cuando hablamos de estilo georgiano hablamos de neoclásico, entre cuyas etapas se distingue soberbiamente el palladianismo. Byrne desgrana, siempre con ejemplos gráficos, fundamentalmente fotografías en blanco y negro, sus características, centradas muy especialmente en la fachada aunque sin olvidar las entradas y huecos, escaleras, habitaciones, decoración interior, estructura y chimeneas, a pesar de que, según creo, lo hace de una manera ligeramente caótica.

Me ha parecido especialmente interesante la constante relación de cada edificio con los procesos históricos que desembocaron en un primer movimiento especulativo de la construcción, cuyo resultado es precisamente la arquitectura y el urbanismo georgianos y su sistema de rentas. No obstante, al libro le hago dos grandes críticas: el lenguaje a veces rebuscado y arcaizante y, sobre todo, el no saber huir del tono plañidero de un intelectual herido por la ignorancia de la sociedad que destruye su pasado; la mezcla resultante estas dos características insiste en el aburrimiento y hace perder mucho fuelle a la lectura.

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