EL VUELO DE LAS TERMITAS – luis leante

Este libro, que leí por recomendación de mi amiga Ilu Ros, no es un bestseller pero tiene todos los ingredientes para serlo. Empieza como uno malo; no por la calidad de la escritura sino por las expectativas que generan las primeras páginas: un lugar aislado -Roncesvalles-, un adolescente que no sabe nada de la vida -un novicio-, un objeto mágico que perseguir -una reliquia- y, sobre todo, un proceso de iniciación a la madurez, tal y como sucede en tantas y tantas novelas -un viaje que, además, prosigue por el Camino de Santiago.

Pues bien, resulta que el libro se desvía del Camino, del viaje de iniciación y de la maravilla con una naturalidad bastante impropia de este género. Y quizá eso es lo que más me ha sorprendido; no la trama en sí ni tampoco el lenguaje, sino la capacidad de contar una historia que, por el desapasionamiento al narrar escenas que ya son de por sí épicas o trágicas, tiene visos de realismo. Es, también, lo que más me ha gustado y lo que enriquece el libro.

Luego está el contexto histórico. Da la sensación de que es más adecuado que en otras novelas históricas, aunque también hay un deje en el lenguaje, algo difícil de explicar, de escritor primerizo orgulloso de que así sea, estricto en la utilización de ciertos vocablos de la época mientras se dejan también expresiones muy castizas y modernas que producen el efecto contrario. De todos modos, esto no impide que se disfrute la novela ni es tampoco un “error” en sí mismo. El libro fue publicado por la comunidad de Murcia pero, me parece, podría haber sido publicado por cualquier gran editorial comercial. En conjunto, me ha gustado bastante, y desde luego lo he disfrutado.

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LOS DETECTIVES SALVAJES – roberto bolaño

Cuando yo tenía veinte o veintiún años y devoraba poesía y novela latinoamericanas, le expresé a un amigo mi intención de leer a Bolaño. Resultó que él leía en ese momento un libro de Bolaño y, celoso de sus lecturas sin venir a cuento, como si leer los mismos títulos fuera pecado, me dijo que su mejor amigo y Recomendador Oficial de Libros, amén de excelente crítico oficioso, le había dicho que Bolaño era lo más y que no hacía falta leer ni a Borges ni a Cortázar porque ya estaban contenidos en Bolaño. Por supuesto, mi amigo no había leído ni a Borges ni a Cortázar y yo, que los admiraba con toda mi alma, le cogí una tirria inmerecida a Bolaño que me alejó de sus novelas durante años. Hay libros así, que odias porque a alguien le gustaron o le disgustaron. Algún día quizá supere mis odios y lea a Shakespeare…

A lo que íbamos. “Los detectives salvajes” es una novela abierta, formalmente experimental, estilísticamente llana -que ni mucho menos simple- y mezcla de varios registros. Y sobre todo larga, muy larga. La primera y la última parte son el diario de García Madero, un aprendiz de poeta que se junta con el grupo autodenominado real visceralista. Entre parte y parte del diario se sucede una enorme digresión contada a base de entrevistas que cubren tres continentes y unos veinte años. ¿Hay algo de Borges? Sí, algo hay, aunque ni mucho menos tanto como para que todo Borges esté contenido en el libro. Bolaño más bien parece querer despegarse de la influencia de Borges. Y de Cortázar, otro tanto.

El libro es una delicia. Da pie a la risa, a ponerse cachondo -porque al principio hay sexo para todos los gustos-; luego, a la reflexión, a la tristeza. Es surrealista. Juega con las emociones y la experiencia del lector para hilvanar los hilos que sujetan las tramas. Es mentiroso y desvirtúa la realidad cuando le parece. Al parecer, también contiene muchos elementos biográficos del autor. Es quizá una fiel realidad del Méjico de mediados del siglo XX. Porque si hay un lugar que queda retratado en el libro más que ningún otro es Méjico y, más en concreto, Ciudad de Méjico; la ciudad y sus gentes, la pobreza decente, el cambio de generación, el crecer en aquel lugar y aquella época siendo un un joven, una joven, pobre y con aspiraciones literarias aumentadas; con el ímpetu y la creencia de poder reformar el mundo -reformar la poesía- y ponerla patas arriba. Es un golpe de realidad; si en época de Bolaño el realismo mágico estaba agotado, “Los detectives salvajes” es quizá la vuelta de la magia al realismo. La magia que se agota y se da de bruces contra la realidad. El libro es una delicia.

¿Qué diría Borges? Probablemente y a la vista de la vasta extensión de la novela, que de Bolaño hubiera preferido sus relatos cortos. Pero como yo no soy Borges, diré que el libro me ha encantado. Por ponerle una pega, diré que el final me lo esperaba. Lo esperaba ya desde mucho antes; quizá desde la mitad del libro o quizá desde el comienzo de la segunda parte. Pero el final es una mera excusa. Si es que hay un final.

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CORAZÓN TAN BLANCO – javier marías

No he querido saber, pero he sabido“. El arranque del libro provoca ya un escalofrío y sintetiza su espíritu: la ignorancia, el conocimiento; apenas unas pocas palabras después, aún parte de la misma frase rápida y rebuscada y pensada para atrapar al lector, “no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas” -el matrimonio como otro de los grandes temas del libro- y, sin dar por finalizada la frase, “se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre“, la muerte y la familia, últimos grandes temas de la novela.

Una narración atrapante y excesiva. Excesiva hasta encandilar y, al cabo de unas pocas páginas, odiar. Entendí perfectamente por qué hay quien detesta a Marías. Pensé que un estilo tan abigarrado y barroco -algunos dirían tan refinada y contemporáneamente español- no podría prolongarse más allá de las cincuenta páginas sin comenzar a soltar lastre. Y así fue; llegado al punto de odiar el estilo Marías, las repeticiones comenzaron a espaciarse y, si bien los vaivenes de la historia siguieron la misma línea, me pareció que el estilo del autor se relajó un tanto, alejándose del preciosismo florido e hiperrealista del principio para concentrarse en la historia.

Ahí, en la historia, yace en mi opinión el valor más palpable de este libro por doble motivo. Primero, porque armar una trama mediante una serie de anécdotas y hechos circunstanciales vagamente relaccionados, algo común, aunque tratado de otro modo, en las novelas de detectives, me ha parecido bastante original. Segundo, porque la habilidad de Marías para usar ciertas palabras e imágenes y anticiparse a las sensaciones que crean, así como ligeros saltos temporales, el uso de la ignorancia y el azar, y una reminiscencia sutil del stream of consciousness, crean una serie de sensaciones en el lector -o al menos las han creado en mí- que enriquecen la novela.

Aun tomándome la lectura como un juego, precisamente por la serie de anécdotas y hechos vagamente relacionados, casi relatos en sí mismos y sin embargo, cuyas imágenes tanto sentido cobran en el desenlace, la atención y la intriga han sido constantes. Desde luego me ha gustado. Mucho. No sé si tanto como para encumbrar a Marías al Olimpo de la literatura contemporánea como hacen en algunas partes -hay tantos escritores, y tantos tan buenos-, pero suficiente como para tenerlo en alta estima. Y sobre todo y más importante, he disfrutado muchísmo de la lectura.

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PALABRAS SOBRE EL AMOR Y PALABRAS DE AMOR – a. emma sopeña balordi

Mi amiga y mentora Emma escribió este libro como parte de una trilogía, resultado de una prolongada investigación académica sobre el lenguaje de la dependencia emocional. Basándose en multitud de fuentes, tanto académicas como literarias, este volumen indaga en el proceso de enamoramiento y el amor romántico desde multitud de perspectivas, e ilustra la intensidad de sus fases con versos de poetas renombrados.

Con un comienzo lógico y bien estructurado, el libro me atrapó pronto. Después, saboreada la complejidad de su temática y entrando en detalles, me resultó denso -aunque no farragoso-; sumariza bien, desde la perspectiva particular de la autora, las principales investigaciones y teorías acerca del amor romántico, y aporta muchas fuentes sobre las que continuar una investigación personal, así como una buena estructura para hacerlo. Entrado en el último tercio del libro, la lectura parece “agilizarse” de nuevo y volví a quedar de nuevo atrapado en ella.

Destaco el tratamiento de los mitos con los que la cultura occidental ha imbuido al amor: su historia, consideración, comentario como pautas ilógicas e irrealizables y consequencias personales y sociales. Leer todo esto de manera clara y desdramatizada ha sido lo que más me ha causado impresión en este libro.

Como colofón, aunque anecdótico, diré que yo también he participado de alguna manera en este libro, cuya ilustración de portada dibujé en 2016.

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SOLDADOS DE SALAMINA – javier cercas

Los números prefiguran que éste será -probablemente- el año menos lector desde que tengo uso de razón. En fin, ¡otras cosas he hecho! Sorprendentemente, es también un año en que las lecturas de autores españoles están pesando bastante. He tenido épocas en que me ha dado fuerte por la literatura anglosajona, por la lationamericana…; pero, ¿por la española? Quizá sea la primera vez.

Acaso el gran acierto de “Soldados de Salamina” sea la gran mentira de la novela que se hace a sí misma, del autor que nos engaña explicándonos cómo la escribe; la metanovela. Luego, sí, está el argumento: la guerra civil. Soy demasiado joven para valorar la trascendencia y puntualidad de la temática en la sociedad española que dio luz verde a la ley de memoria histórica, porque mis opiniones políticas apenas comenzaban entonces a fomarse, y solamente puedo valorar los aspectos literarios de la novela. ¿Es buena? Bueno, depende de qué se tome por bueno. El autor, al hablar de Sánchez Mazas, repite bastante aquello de que “fue un buen escritor, pero no un gran escritor”. Me inclino a pensar lo mismo de Cercas; y ojo, sin acritud. Me parece una novela buena, muy entretenida, con bastantes puntos fuertes y sutilezas, una ambición patente pero controlada, una ingeniosa inclusión del género periodístico y la metaliteratura, buenas yuxtaposiciones de historia y cambios de ritmo. Tan curioso como la novela me ha parecido el prólogo a la edición de 2015. Más que por la explicación que el autor da de la novela cuando dice que tratará de no dar ninguna, por sus influencias literarias declaradas que, ¡oh!, resultan ser muy similares a las mías. Y así, veo en sus yuxtaposiciones de género las teorías de Milan Kundera, en su ligero posmodernismo las estructuras de Italo Calvino, a Kafka en su sencillez, quizá, en su sencillez narrativa, y a mi querido Jorge Luis Borges, al que al parecer Cercas también adora, bueno, no lo he apreciado en su escritura ni falta que hace, porque la novela de Cercas se mueve en unos parámetros distintos a los relatos borgianos. Aunque pensándolo mejor, el propio tema de encontrar al salvador de Sánchez Mazas tiene un ligero matiz borgiano, ¿no? Leedla y opinad por vosotros mismos.

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CINCO HORAS CON MARIO – miguel delibes

Chapó. Una novela de aúpa, con una profundidad enorme, un argumento genial, una estructura muy organizada y una técnica incomparable. ¿Por qué no habré leído a Delibes antes?

Prólogo: Mario ha muerto. El féretro está en su despacho, su mujer y sus hijos se encuentran presentes y los allegados han comenzado a llegar. Se nos presentan en rápida sucesión los pesonajes, las tramas y los recursos técnicos que el resto de la obra va a desarrollar. Cuerpo: Una vez Carmen, la viuda, está sola velando el cadáver, toma la Biblia, libro que Mario leía la noche en que murió, y lee los párrafos subrayados por él. Cada párrafo es el comienzo de un capítulo y hace a Carmen desvariar en monólogos íntimos y reproches hacia el muerto. A través de sus palabras -las repeticiones temáticas y literales que encabalgan los capítulos y muestran el reflujo constante del pensamiento, los modismos, interjecciones, anhelos y contradicciones- adivinamos primero y descubrimos después, no solamente las vidas de Mario, de Carmen y de las personas que les rodean, sino los espíritus irreconciliables de dos maneras de entender el mundo entre las que media un abismo; ahí está el reflejo entre la España de izquierdas y la de derechas mostrado sin acritud, la modernidad y la tradicción, en los pensamientos de una mujer que, creyéndose educada, es muy sencilla. Epílogo: Habiendo despuntado el alba y llegado la hora de la conducción del féretro al cementerio, un narrador impersonal apunta al legado de aquellas dos Españas enfrentadas, sintetizadas en personas distintas.

¡Ay, pobre Mario! ¡Y pobre también Carmen! La belleza de la novela no esconde la brutalidad de la realidad que describe. Seguiré leyendo a Delibes; ya me han recomendado “El camino”

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LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS – vicente blasco ibáñez

Adaptado dos veces al cine en Hollywood, este libro fue uno de los grandes superventas globales de principios del siglo XX. Escrito en París durante la Primera Guerra Mundial, la idea original fue parcialmente auspiciada por el presidente francés como ayuda a su causa, si hemos de creer la breve introducción del autor. Precisamente, la novela se presenta como un panfleto político donde los franceses son buenos buenísimos y los alemanes malos malísimos. ¡Qué decepción! Blasco Ibáñez me había impresionado con La barraca, cuya marca continúa indeleble en mi memoria, y para panfletos antigermánicos yo me quedo con The Moon is Down, de una sutileza y un estilo exquisitos.

El primer tercio me sorprendió por insulso. La vida de un francés en Argentina, tratando de hacer fortuna, y después con su familia de vuelta a Europa, transcurre con una frivolidad de novela ligera salpicada de opiniones políticas absolutamente topificadas. La calidad de esta parte era, si no me engaño, mucho peor que la del Blasco Ibáñez que yo recordaba. Así y todo, la historia era sencilla y entretenida y seguí leyendo. Ya en Francia, donde acontecen la mayor parte de los sucesos narrados, la novela se torna más interesante. La guerra vista desde el mundo civil, lejos de ella y, después, dentro de la misma, me aportó una perspectiva que ningún otro libro me había dado: la inseguridad, la exaltación ciudadana subrayada por el miedo, las rutinas que continúan y las que no. También las imágenes elegidas sin mala fe para dar a entender el miedo -la homosexualidad como degeneración, el color de la pie para expresar brutalidad y subdesarrollo-, a cuya causa original sirven hoy más bien poco y dicen mucho de la moral de la época, habiendo sido escritas por un autor poco sospechoso de afrentar las causas progresistas. Al final, muy al final y acaso demasiado al final, lo que parecía un alegato guerrero se vuelve más humano, se critica, y el libro se torna antibélico. Un poco antes ya había despuntado el Blasco Ibáñez de La barraca, con su no sé si fatalismo o simple realismo salvaje.

En conjunto, me ha resultado un libro entretenido, llamativo en algunos aspectos. Mejorable, también; aunque sé que su autor puede volver a sorprenderme con otros de sus muchos libros, como ya hizo en el pasado.

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